Al estilo de las mujeres de Páramo
Juan murió muerto de miedo. —“No creas. Él la quería. Estoy por decir que nunca quiso a ninguna como a ésa”—. ¿A la idea del poder absoluto? “Tan la quiso, que se pasó el resto de sus años aplastado en un equipal”. ¿Nada más porque se le acabó el tiempo?
No es casual o, a lo mejor sí. Páramo, según la RAE, es un lugar frío y desamparado. Así dejó el famoso Pedro a su Comala. ¿Ahí quedamos al final del anterior sexenio? Por los datos en salud, es afirmativo. En educación, ya ni lo sabremos. En seguridad, ni duda cabe. Un “puro rencor vivo”.
“¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros”. ¿Será muy diferente “por encima de esa ley está (mi) autoridad moral”? En esos entonces, la única vía de acceso al poder y al estatus social para las mujeres era el matrimonio. Lealtad a toda prueba. Igual ahora, pero sin romance.
¿Hubo alguna Dolores Preciado? Nombre y apellido inquietantes. Ella, acreedora de alguna deuda y por eso, ¿valorada? Única que, con silenciadas humillaciones, sale del ¿infierno? Vengativa y cruel, manda a su hijo a reclamarle al padre desconocido. ¿Sucederá?
Eduviges, “aquella que está dispuesta a luchar”, de apellido Dyada —“dualidad, pareja”— la que administra saberes y haberes de la gente, quien cuidó a los hijos del cacique, la que vivía al lado del puente (que siempre acerca), amiga de la madre de Juan, olvidada y ninguneada, utilizada tanto por Pedro como por Dolores. Generosa y muy dispuesta a servir (especialmente al cacique). Muy eficiente para el quehacer del poder —les dicen operadores, operadora en este caso—; indiferente al dolor de los demás. ¿Alguna coincidencia?
Damiana, “hierba de la pastora con efectos afrodisiacos” (¿será que así funcionan los buenos resultados, cuando de venganzas se trata?), y Cisneros, “lugar de cisnes”. Encargada de vigilar a quienes sirven al patrón; destaca por la limpieza en su vida y por procurarla en el entorno de don Pedro. También conoce demasiado bien a los hijos del mismo. Fiel, sin duda, pero si llega a cantar, morirá. ¿Nos daremos cuenta, como Juan Preciado, de que lo que escuchamos (cuando ella habla) solamente es silencio? Quizá, lo que quiere esta Damiana con sus discursos, es que, como dice Juan: “Como que se van las voces. Como que se pierde su ruido. Como que se ahogan. Ya nadie dice nada. Es el sueño”. ¿O la corrupción?
Dorotea, “regalo de los dioses”, mujer aparentemente poderosa, porque procura candidatas al hijo reconocido de don Pedro, por lo que el padre Rentería le asegura que nunca tendrá el puesto que pretende en la gloria. Tejedora de sueños, también cuida hijos ajenos. Deambula por todas las calles del pueblo. Ella escucha los murmullos de la gente, lo que cuentan sobre la vida de Páramo. Dorotea creyó alcanzar el cielo y estando ya ahí bien instalada, la desengañan. Nunca será suyo el paraíso. ¿Entendió la rotundidad de las sentencias inapelables? Quedará en tierra árida y baldía donde ya nada puede nacer ni producir fruto.
Según algún testimonio, Juan murió muerto de miedo. —“No creas. Él la quería. Estoy por decir que nunca quiso a ninguna como a ésa”—. ¿A la idea del poder absoluto? “Tan la quiso, que se pasó el resto de sus años aplastado en un equipal”. ¿Nada más porque se le acabó el tiempo?
Se trastocaron todas las ideas y el paraíso terminó en un lugar presidido por la crueldad y la ausencia de consuelo. Pregunten a las madres buscadoras. Pero lo que derrumba a Pedro es que no venció a su contrincante, ¿el neoliberalismo? ni aunque se haya quedado con una parte del botín. Susana San Juan (encarnación de la idea del poder absoluto) ¿no representa la locura?
“Estos modelos de mujeres, creen ciegamente en los hombres, en sus explicaciones, pero no sólo les creen, viven para ellos y mueren por ellos. Los aman o los odian, les gustan o les tienen miedo, pero, invariablemente e independientemente de lo que sientan por ellos: les sirven incondicionalmente”.
(https://www.la-critica.org/las-mujeres-perfectas-para-el-patriarcado-ana...).
