El virtuoso señor Octavio Romero

Imbuido en su propia virtud, el señor Octavio Romero propagó su puritanismo desde el estrado de Palacio Nacional. Para él, su honestidad y honorabilidad no están a discusión. En 2004, hace 22 años, Carlos Ahumada corrió el riesgo –y lo pagó caro– de difundir videos que probaron las desviaciones del supuestamente incorruptible gobierno de López Obrador en el Distrito Federal. Funcionarios derrochando en los casinos de Las Vegas; otros, recibiendo bolsas de efectivo; descaro, desvergüenza. El oficial mayor de aquel gobierno era el entonces joven Octavio Romero, quien movía a discreción cantidades obscenas de dinero que, sabemos hoy, nadie se atrevió a fiscalizar a fondo. Ayer aseguró ante la Presidenta que sus ingresos de servidor público y su acertado manejo de los créditos bancarios le daban para tener un patrimonio del orden de 50 millones de pesos. La aritmética básica destruiría esa explicación, pero él no tuvo reparo en seguir representando el papel de hombre honorable. Lo grotesco, sin embargo, no eran las cuentas, sino el cuento de que la fortuna del exoficial mayor, exdirector de Pemex y hoy director del Infonavit ronda los dos millones y medio de dólares. Eso es lo burlesco: tratar de hacer pasar al virtuoso señor Octavio Romero como un ahorrador de la meritoria clase media, dueño de unos “predios rústicos” y apenas unos 50 milloncitos, honestamente ganados.

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