La victoria histórica de Murillo Karam

Jesús Murillo Karam salió el viernes de un hospital privado. Lo ingresaron el lunes 6 de abril a causa de un sangrado persistente del tubo digestivo bajo. El martes 14 entró a quirófano para un procedimiento urgente de angioplastia, colocación de stent y trombectomía en la carótida izquierda y en una arteria coronaria calcificada.

Durante la intervención, el exprocurador presentó una hemorragia, por lo que se le trasladó, intubado, a terapia intensiva. Así estuvo hasta el domingo 19. Luego de unos días en habitación, regresó a su casa, donde desde abril de 2024 cumple prisión preventiva domiciliaria, después de haber pasado 20 meses en el Reclusorio Norte, sin que se considerara su edad —más de 70 años— ni su ostensible deterioro de salud.

Por los hechos de Ayotzinapa de 2014 enfrenta los cargos de desaparición forzada, tortura y obstrucción de la justicia. Ayer pregunté a sus familiares cómo se encontraba. Me dijeron que delicado y con cuidados especiales las 24 horas: “Aún no recupera el habla por completo; nos entiende todo, pero le cuesta trabajo expresarse, y eso le baja muchísimo el ánimo”.

Los médicos les han informado que podrá recuperarse, aunque hay un daño cerebral irreversible. No pregunté más. Por ejemplo, si es consciente de que su versión sobre la tragedia de Ayotzinapa permanece intacta en lo esencial: los jóvenes fueron sometidos y secuestrados por criminales y autoridades locales, quienes los mataron y trataron de desaparecer sus restos.

Sigue siendo, 140 meses después, la versión más consistente. Ésa es la victoria histórica de Murillo Karam.