Rubio

A la hora en que en el teatro político mexicano se montaba la deforme obra del exgobernador RuffoMarco Rubio soltaba una metralla de advertencias desde Washington. Se dirá que el estrépito obedeció a la audiencia a la que se dirigía el secretario de Estado y anfitrión de la reunión de 66 países sobre el “resurgimiento del terrorismo político”. También podrá subrayarse que el destinatario de sus expresiones eran los grupos políticos radicales de izquierda, a los que Trump considera la principal amenaza terrorista que enfrenta Estados Unidos. Pero al releer el discurso de Rubio, recordé por analogía sus palabras tras la captura de Maduro: se los advertimos, tomamos medidas, hicimos contacto con ellos, porque nosotros no tenemos problema en contactar a quien sea; pero no traten de vernos la cara, de engañarnos. La presidenta Sheinbaum justificó la inasistencia de México a la cumbre de Rubio con el argumento de que se trataba de un evento más político que de cooperación. Guardo dos frases del secretario de Estado, por lo que venga. Una que enmarca todo el discurso: “La naturaleza de la izquierda radical es un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”. La otra borra las fronteras, entre ellas –seguramente– las porosas que separan lo político de lo criminal: “El mundo se enfrenta a una amenaza internacional; a redes interconectadas que no reconocen nuestras fronteras”. Rubio vuelve a decir con claridad que Estados Unidos se siente amenazado en su seguridad y en la supervivencia de su forma de gobierno. Por eso está pidiendo cooperación.