Delirante, como el de Andrés López Beltrán, fue el mensaje que ayer, 24 horas después de que se conociera la información, difundió la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama. Si existiera sentido del decoro en los tiempos de la transformación, el post de Mara debería marcar el final de sus ambiciones políticas. Porque la pillaron en una falta éticamente grave dentro de su doctrina –rentar con frecuencia impar aviones privados– y no ha podido formular un discurso mínimamente convincente para justificarla. Aceptó el hecho, pero no el número que manejó el reportero Abel Barajas: 97 vuelos suyos en cinco años y cerca de 300 de sus hijos y esposo en un lapso un poco más amplio. Mara afirma, además, que el número de viajes no puede ser real, pues “¡significaría haber estado de vacaciones un año completo!” Lo dice sin reparar en una aritmética de primaria. Por ejemplo, que sus 97 vuelos se completarían en sólo un año de trayectos de ida y vuelta de fin de semana a Florida. Luego se disculpa con el argumento de que, si lo hizo, fue para cumplir al cien su “rol como madre”. Qué desastre. Y remata insinuando que, dado que trabajó en la iniciativa privada, podría darse ese lujo sin tocar el erario, como una Taylor Swift o un Bad Bunny. La nota de Abel Barajas acaba siendo confirmada. ¿Quién habrá asesorado a la gobernadora en este texto suicida? Un texto que la enterraría. Aunque…
