La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México nos confirmó ayer que ha solicitado una orden de aprehensión contra Octavio Jorge Cortés Jiménez por el probable delito de feminicidio en grado de tentativa. Se trata del hombre que, el 29 de junio, golpeó brutalmente a la joven recepcionista de un hotel de Santa Fe: al menos dos golpes en el rostro; luego la derribó y la pateó en el suelo. Cabe la posibilidad de que, para cuando se publique este texto, un juez haya concedido la aprehensión, pues la evidencia de la brutalidad –manifiesta en los videos que difundimos la semana pasada– es incontrovertible. Si eso ocurre, la suerte de Cortés Jiménez estaría echada. Se convertiría en un prófugo en un callejón sin salida. Incluso si abandonara México, sería muy probable que se emitiera una alerta internacional para atraparlo. De ser capturado, y con lo conocido hasta ahora, difícilmente ganaría un juicio, única opción que tendría, ya que la imputación de feminicidio en grado de tentativa no acepta acuerdos reparatorios, perdón de la víctima ni suspensión condicional del proceso. Una sentencia condenatoria podría fundirlo más de 30 años en la cárcel. No simpatizo con el periodismo de corte justiciero. Pero pocos casos como éste pueden llegar a tener un efecto inhibidor sobre esos hombres que se sienten con el privilegio de poder matar a golpes a una mujer.
