La primera promesa de Ariadna

Frente a la intemperie desatada, Ariadna Montiel optó por eludir los riesgos en su discurso inaugural como presidenta de Morena. Ni siquiera su afirmación de que quienes quieran ser candidatos en 2027 “deben tener una trayectoria impecable” fue secundada por una segunda oración que le diera solidez. La promesa, además, se ahogó de inmediato cuando varios de los gobernadores, legisladores y familiares salpicados por las revelaciones de corrupción en el último año se levantaron a aplaudir con la energía de los resortes liberados. Ahí estaban prácticamente todos los señalados: faltaba Rocha. El resto del mensaje fue un paseo por la Alameda: vivas a López Obrador, Sheinbaum y la soberanía, acusaciones de traidores a la patria contra los opositores, garantías de que nadie dividirá al movimiento, refrendos al primero los pobres, la revolución de las conciencias, etcétera. Ariadna no quiso enredarse, y puede entenderse no sólo por la circunstancia, sino porque ella ha sido siempre una activista, operadora y organizadora de voz ecuánime y resultados. Queda, como sea, su compromiso de que en la cercana definición de candidatos hará a un lado a los corruptos. No falta mucho para saber a quiénes se refería. Ayer no era un domingo para complicar las cosas. Ante la intemperie desatada, la presidenta de Morena optó por no zarpar. Todavía.