En su breve y deslumbrante discurso del viernes al recibir el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales, Timothy Garton Ash bordó en torno de uno de sus conceptos esenciales: la libertad política no es el estado natural de las cosas, sino una frágil excepción histórica.
Y ante el desánimo y las convulsiones que recorren Europa, el historiador y narrador británico esbozó tres “T” para intentar mantener viva la utopía colectiva de Europa como centro civilizatorio del mundo; la Europa de paz, prosperidad, justicia y democracia: truth (la verdad), trust (la recuperación de la confianza) y tiquitaca (como lo hace el futbol español: gracia, limpieza, genialidad y un esforzado trabajo en equipo).
Paradojas de un viernes de octubre: en las horas en que Garton Ash elogiaba a la verdad, la confianza y la limpieza, se difundía en México el video de un adulto joven, hijo de la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, instalado en un hotel de París que quizá apenas uno de cada cien mil europeos podría pagar.
Brindaba ostentosamente con champagne, mientras la voz de quien lo grababa —presumiblemente José Alfredo Hernández Casillas, contratista predilecto del INE durante los tres años de gestión de la madre— le decía: “¡París a tus pies, chamaquito!” París, Europa.
¿Alguna vez, asociadas a nuestro INE, las palabras verdad, confianza y limpieza sonaron más disonantes, cacofónicas, soeces que en esta última semana? ¿Alguien imagina a Guadalupe Taddei recibiendo un día el Princesa de Asturias por su honorabilidad y aportación a la democracia?
Creo que aún le quedan unas horas para tomar sus cosas y salir huyendo. Con suerte, a París.
