Manuel Feregrino difundió ayer el dictamen a aprobar por la Comisión de Marina del Senado sobre la solicitud de la presidenta Sheinbaum para permitir la salida de tropas de la Armada de México a Estados Unidos, a fin de “participar en el evento Aumentar la Capacidad de la Unidad de Operaciones Especiales”, en Camp Shelby, Mississippi. Estados Unidos facilitaría, además, un avión Hércules C-130 que se llevaría a 60 marinos mexicanos desde el aeropuerto de Toluca el 18 de enero y los traería de vuelta el 13 de marzo. Era un asunto simple, fácil de sacar. La Presidenta remitió el oficio al Senado el 17 de diciembre y se esperaba la aprobación entre el 5 y el 7 de enero. Pero no ocurrió. Se les pasó a todos, se descuidaron o algún estratega ordenó no hacerlo para no dar la impresión de sometimiento a Washington. Al no hacerse, se incurrió en la ilegalidad de trasladar sin autorización de por medio a los 60 marinos y se abrió la puerta al oscuro aterrizaje de un avión de las Fuerzas Armadas estadunidenses en Toluca. De ese tamaño es la soberbia o falta de interés de la mayoría parlamentaria 4T, y del gobierno, por cumplir la ley. Saben que no habrá consecuencias, que la FGR “autónoma” no investigará delito ninguno y que el Senado no emitirá extrañamientos. Qué estampa de ilegalidad e impunidad la del Hércules C-130 y los 60 marinos.
