Treinta y cinco minutos duró el armónico discurso de Gonzalo Celorio en la Universidad de Alcalá, donde ayer recibió el Premio Cervantes 2025, la distinción más alta de las letras en España. El escritor mexicano —académico de la UNAM durante medio siglo— habló ante el rey Felipe, el ministro de Cultura y destacadas figuras de la política, la academia y la vida intelectual. Invitó a mirar hacia adelante en lugar de instalarse en la cómoda mitificación del pasado: en la retrotopía de las culturas antiguas, caracterizó. Dijo que la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y la cultura españolas porque le son inherentes. Y enfatizó que, “sin la lengua española, ni México ni ningún otro país hispanoamericano hubiera podido configurar su nacionalidad”. En su turno, el rey elogió a Gonzalo con palabras que el gobierno mexicano le escatima con una mezquindad sólo entendible desde el dogmatismo y el encono: “Es una voz literaria consolidada, de notable elegancia y hondura reflexiva, que es, al mismo tiempo, testimonio del México moderno y espejo de la condición humana”. Debió ganar el Cervantes y viajar a España para escucharlo de viva voz. Gracias por ese jueves, Gonzalo. Y por enseñarme la palabra “retrotopía”. En la ceremonia, por cierto, el rey expresó que México y España son más que países hermanos: “Son culturas unidas por una cercanía sincera y un afecto compartido que perdura en el tiempo”. Salud.
