Coincido con quienes calificaron de fallida la conferencia mañanera en la que Palacio Nacional involucró al FBI en la abducción de El Mayo Zambada. Más allá de eso, lo expuesto ayer deja intactos grandes vacíos informativos sobre un suceso ocurrido hace dos años que el gobierno mexicano no ha querido esclarecer. No se dijo una palabra de cómo entró al país el avión en el que se llevaron a El Mayo. Si transcurrido tanto tiempo nuestros servicios de inteligencia lo desconocen, estaríamos ante un escándalo. ¿Quién piloteó la nave? ¿Quiénes integraron la tripulación? ¿Cómo cruzó a Estados Unidos con el localizador apagado? Hablando de aviones, ¿quién fue el amigo que le prestó uno al gobernador Rocha para —como él mismo contó— viajar a Los Ángeles aquel 25 de julio de 2024 “a atender asuntos familiares”? ¿Hubo una reunión en Culiacán entre Rocha, El Mayo y otros? ¿Quién mató a Melesio Cuén y por qué? Son algunas de las interrogantes que no pasan por el FBI. El gobierno mexicano elevó un poco el tono frente a Washington, pero persiste en ocultar hechos esenciales. Y esa lógica de opacidad persiste. Ayer, por ejemplo, anunció que reservará cinco años la documentación relacionada con las acusaciones contra Rocha por sus supuestos vínculos con grupos criminales. Claridad y verdad no parecería ser, por ahora, lo que se está buscando.
