Dos mujeres en guerra

No recuerdo en el siglo XXI mexicano un episodio que haya enfrentado con tal fiereza verbal a un presidente con un gobernador. Ni siquiera el choque de Fox con López Obrador, de 2004 a 2006, alcanzó decibeles tan estridentes. Quizá porque eran tiempos en que los poderosos todavía calculaban que cuidar las formas redundaría en beneficios.

El rumbo que tomó ayer el pleito entre la presidenta Sheinbaum y la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, es punto y aparte. Una guerra de venenos en la que parecen decididas a intoxicar a la otra hasta la destrucción.

La chihuahuense resolvió, en una fulgurosa suerte de fuga hacia adelante, desvelar el contenido de la conversación privada con Sheinbaum el 19 de septiembre en Ciudad Juárez. Contó cosas siniestras, claro, a su manera.

La Presidenta no lo dejó pasar y respondió en la mañanera con su versión, estridente también.

Acto seguido, la “autónoma” FGR salió a reforzarla con información que, legalmente, debería ser privada. Pero, a estas alturas, a nadie parecen importarle esas minucias del Estado de derecho. Se extinguió el decoro.

Ninguna de las dos mujeres muestra interés ni sensibilidad por preservar un espacio civilizado para expresar y dirimir los desacuerdos. Veneno.

Además de muy conflictivo, esto es muy tóxico, le dije ayer a Maru Campos, antes de preguntarle qué sigue para ella. “Es muy tóxico y conflictivo porque abrí la boca”, me dijo. “Y no me importa, porque no vamos a permitir la entrega de Chihuahua a los terroristas, narcotraficantes ni al partido de la muerte”.

Le queda un año de gobierno.