Cadena perpetua a Enrique Inzunza

No sé hasta dónde habría que remontarse para encontrar una frase más arrogante —y más estúpida— que la expresada el miércoles por el senador morenista sinaloense Enrique Inzunza. Una semana antes conocimos que su nombre figuraba en la relación del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre políticos vinculados al narcotráfico. Desde entonces, quedó a la sombra de la extradición. Inzunza minimizó el hecho y aseguró que el miércoles 6 acudiría a la sesión de la Comisión Permanente en la CDMX. Pero la mañana de ese día metió reversa y texteó con soberbia superlativa: “Mi rectitud y mi veracidad, me imponen comunicar que no asistiré…”. Me maravilla imaginar a los asesores que lo animaron a redactar una barbaridad de ese calibre, rematada con lo que, todo indica, es ahora una segunda mentira: “Estoy en mi tierra, a ras de suelo y con la frente en alto”. Tan en alto que ayer no apareció en Palacio Nacional en la cita de legisladores de la 4T convocada por la presidenta Sheinbaum. Reporteros sinaloenses me confirmaron, además, que nadie lo ha visto por allá. Está escondido. Y agachado. Sin opción para regresar, no se diga a la vida pública, sino siquiera a la vida cotidiana. Como Rubén Rocha, Inzunza parece haber sido condenado ya a esconderse por el resto de sus días. Una cadena perpetua que no reparó en su “rectitud” ni en su “veracidad”. Cuánto cretinismo nos está tocando atestiguar.