El balastro es con Amílcar

A principios de 2024, un empresario exitoso quiso contarme cómo había sido la corrupción en las grandes obras públicas de López Obrador. Al terminar, anoté en una libreta una frase que quizá pudiera servirme después: “Eso sí, el balastro es con Amílcar”.

Se refería al Tren Maya y a que todas las compras de la grava para asentar las vías debían remitirse a las empresas de Amílcar Olán, el amigo de Andrés López Beltrán. Millones y millones de pesos.

A principios de este año, un mando de las Fuerzas Armadas me explicó el entramado del huachicol fiscal. Aunque no entendí buena parte, anoté en la libreta: “En el centro del mugrero está Portacelis, de Amílcar”.

Se refería a Portacelis Gas & Oil, compañía manejada, sí, por gente cercana a Olán. Entiendo que ambas afirmaciones no constituyen pruebas, pero me queda la duda: si la FGR de verdad lo está investigando, ¿qué tan difícil le será dar con testimonios como éstos?

Se sabe ahora que Amílcar se amparó en marzo contra una posible aprehensión y que, un par de meses más tarde, un juez canceló la demanda de amparo al comprobar la inexistencia de órdenes de aprehensión.

Se sabe también que hay una instrucción terminante del gobierno federal de no otorgarle contratos ni a él ni a su red.

Y que es uno más de los “ganadores” durante el lopezobradorismo que hoy tienen que vivir escondidos. Tampoco ha de ser muy complicado dar con ellos. Si el propósito es saber qué fue lo que hicieron el sexenio pasado.