Sobre la interpretación

“¿Quién es aquí el invasor?”, de la canción Somos más americanos, de Los Tigres del Norte. Por lo menos desde 2001 la música popular que inspira a las comunidades de origen mexicano en Estados Unidos ...

                “¿Quién es aquí el invasor?”, de la canción

                Somos más americanos, de Los Tigres del Norte.

Por lo menos desde 2001 la música popular que inspira a las comunidades de origen mexicano en Estados Unidos en momentos de resistencia ha cuestionado el uso del calificativo “invasor” para los migrantes. El tema musical Somos más americanos, de Los Tigres del Norte, uno de los más potentes y pegadores, da una lección de historia y afirma: “yo no crucé, me cruzaron” en referencia a la móvil frontera nómada entre México y EU. Durante su campaña electoral, el hoy presidente Donald Trump usó reiteradamente la descripción de la migración como una invasión. En diciembre de 2023, por ejemplo, dijo en Reno, Nevada: “Ésta es una invasión, ésta es como una invasión militar”. Y días después agregó que los migrantes eran “enfermos mentales y delincuentes, pandilleros y terroristas que toman nuestras ciudades”. Después, en Durham, New Hampshire, agregó que los migrantes “envenenan nuestra sangre”, una referencia que recuerda a la advertencia de Adolfo Hitler en su libro Mi lucha: “Hay que cuidar la pureza de nuestra sangre”.

¿Por qué insistir una y otra vez en el uso del término “invasión” para el fenómeno de la migración? ¿Por qué mentir afirmando que ciertos gobiernos vacían sus cárceles e instituciones psiquiátricas para enviar a sus internos como migrantes? Lejos de ser un simple exceso retórico trumpiano, se trata de una estrategia legal bien estudiada. El nuevo gobierno llegó decidido a no ser derrotado en los tribunales como sucedió mayoritariamente en el primer gobierno y estudió las estrategias de defensa de los demócratas, las iglesias, los gobiernos estatales y las organizaciones civiles, especialmente las de abogados. Se trata de una estrategia legal de su gobierno para cambiar la interpretación de leyes fundamentales de EU sin tener que recurrir a reformas (o enmiendas) constitucionales, extremadamente difíciles de ser aprobadas, especialmente cuando los republicanos tienen mayorías poco robustas en el Congreso.

La idea es intentar llegar a la Suprema Corte para que ésta “interprete” el término invasión no literalmente, sino políticamente. ¿Para qué? Para poder usar la ley contra los enemigos extranjeros (Alien Enemies Act, AEA), lo que le permitiría poder deportar a miles de indocumentados sin seguir ningún proceso legal. Como se sabe, la ley mencionada fue aprobada en 1798, cuando se temía una invasión francesa y concede al Presidente poderes extraordinarios. Sólo se ha usado en tiempos de guerra real: durante la invasión británica de 1812 y durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales, pero, en los últimos dos casos, los presidentes en turno la prolongaron después del cese de hostilidades. Aunque la IGM terminó en 1918, la ley se siguió aplicando por Woodrow Wilson hasta 1920. Lo mismo sucedió al terminar la IIGM en 1945, cuando la AEA se aplicó hasta 1951, permitiendo que ciudadanos norteamericanos de origen japonés, alemán o italiano fueran recluidos en campos de internamiento, algunos hasta por 10 años. La ley afecta tanto a ciudadanos extranjeros viviendo en Estados Unidos como a personas que han renunciado a su nacionalidad original para adoptar la ciudadanía norteamericana.

Los partidarios de Trump argumentan que no debe interpretarse literalmente el término invasión, porque en tiempos actuales hay gobiernos que han sido tomados prácticamente por la delincuencia y, por tanto, aunque formalmente sean gobiernos amigos o aliados, en realidad actúan como enemigos. La ley mencionada no necesariamente requiere una declaración formal de guerra, que sólo puede hacer el Congreso de EU, basta que haya una “incursión depredadora” por un enemigo para que el Presidente pueda actuar. De ahí que la declaración de los cárteles mexicanos como terroristas pueda tener más repercusiones que las que la ley literal le otorgue. De ahí, también, que el término “narcoestado” deba utilizarse con sumo cuidado.

La estrategia de los republicanos incluye “estirar” la AEA lo más posible para aplicarla aun en tiempos de paz y forzar a la Suprema Corte a relativizar el concepto de invasión. El gobernador de Texas, Greg Abbott, declaró formalmente en septiembre de 2022, usando la constitución local, que Texas estaba siendo invadida. Por ello desplegó una serie boyas gigantescas ancladas con cemento en el lecho del río Bravo para impedir la entrada de invasores. El gobierno de Biden lo demandó y ganó porque se violaba la ley de aguas, de jurisdicción federal. Ahora el enfrentamiento está en la Corte de Apelaciones y de ahí seguro pasará a la Suprema Corte. De eso se trata, reitero, de no tener que recurrir a enmiendas constitucionales inalcanzables y, en cambio, esperar que una Corte favorable al presidente pueda hacerse de la vista gorda con la AEA.

La presidenta Sheinbaum tiene la rara oportunidad de ver cómo se intenta vaciar de contenido la Constitución de Estados Unidos y se debilita su democracia. Así lo hizo su antecesor en México y así lo ha permitido ella al inicio de su mandato. Todavía puede rectificar: hay tanto en juego.

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