La hazaña brasileña
En 37 años de vida democrática, Brasil logró consolidar uno de los pilares esenciales de una democracia: la separación de poderes. En el mismo periodo de tiempo, después de construir poco a poco reglas para la competencia democrática electoral y un Poder Judicial que ...
En 37 años de vida democrática, Brasil logró consolidar uno de los pilares esenciales de una democracia: la separación de poderes. En el mismo periodo de tiempo, después de construir poco a poco reglas para la competencia democrática electoral y un Poder Judicial que aprendió a ser independiente, México va encarrerado hacia la destrucción del último vestigio que todavía nos clasifica como democracia: su sistema electoral.
Ambos países dieron en 1988 pasos trascendentes para su democratización. Brasil culminó un largo proceso de diálogo que llevó a la redacción de una nueva Constitución, que restauraba las elecciones directas y creíbles, ponía en el centro del constitucionalismo el respeto a los derechos humanos y diseñaba un Poder Judicial independiente. Brasil se recuperaba de un brutal golpe de Estado que en 1964 tiró a João Goulart de la Presidencia para ser sustituido por una junta militar. Pasados veintiún años, los demócratas tuvieron que aceptar en 1985 elecciones presidenciales indirectas, restricciones a la participación de los partidos y, sobre todo, impunidad para los golpistas mediante una ley de amnistía. En México, después del fraude electoral de 1988, se iniciaron los cambios que llevarían a una autoridad electoral autónoma y a recuperar la confianza del electorado en los comicios.
Para dar una idea de la trascendencia histórica de la declaración de culpabilidad para el expresidente Jair Bolsonaro y la sentencia de 27 años de prisión por parte de la Primera Sala del Supremo Tribunal Federal, STF, hay que recordar que el gigante del sur tiene una relación cercana y casi romántica con los golpes de Estado. La república nació de un golpe de Estado militar en 1889 contra una monarquía parlamentaria. En 1930, el presidente Washington Luis fue depuesto por militares que entregaron el poder a un joven legislador, Getulio Vargas, que fue presidente por 15 años, dio un golpe militar en 1937 para mantenerse en el poder y fue depuesto por militares en 1945. Después de cierta normalización democrática, vino el golpe de Estado de 1964, que duró 21 años. Una parte de la sociedad brasileña, precisamente la que simpatiza con Bolsonaro, no ve tan mal el golpismo ni los regímenes militares. La democracia les parece desordenada, impredecible, con excesos radicales. Por ello no es de extrañar que después de conocer que su candidato había perdido las elecciones en octubre de 2022 contra Luiz Inácio Lula da Silva, los bolsonaristas se fueran a manifestar afuera de las guarniciones militares, pidiendo su intervención.
Brasil, como México, tiene una larga tradición de impunidad. Hasta hace poco circulaba el dicho: En Brasil sólo van a la cárcel los de las tres p: “prietos, pobres y putas”. Y en política la impunidad era aún mayor, siempre “en nombre de la pacificación del país”. Nueve decretos y leyes han perdonado una y otra vez a militares golpistas. En esta larga historia de avances y retrocesos hacia un gobierno civilista, ésta es la primera vez que los responsables de un intento de golpe de Estado, incluyendo al expresidente, son llevados ante un tribunal, juzgados y sentenciados. Es histórico. Hay que agregar que el juicio, la condena y la sentencia se mantuvieron por parte de los ministros integrantes de la Primera Sala de la Corte (4 a 1), pese a las amenazas y los aranceles de 50% contra la economía brasileña por parte del presidente estadunidense Donald Trump.
Las encuestas realizadas por DataFolha dos días antes de la sentencia, retratan bien la división de la sociedad brasileña, pero también el avance civilista y el compromiso con la democracia. 54% manifiestan estar en contra de amnistiar a Bolsonaro y demás conspiradores y 39% a favor. 50% a favor de que cumpla su pena en prisión y 43% en contra. La sentencia puede ser apelada para reducirla y/o para que se cumpla como prisión domiciliaria, dado el estado de salud frágil de Bolsonaro y su edad (70 años). La sentencia de la Corte da la impresión de una mayoría de edad de la democracia brasileña. Hay que remarcar que todos los grandes avances hacia la democracia: las elecciones de 1985, la campaña por las elecciones directas, por una nueva constitución, contra la corrupción, etcétera, han sido resultado de manifestaciones masivas de la ciudadanía. Bajo las presiones del presidente del país más poderoso, la Corte no cedió y el presidente Lula continúa ofreciendo el diálogo con EU.
Brasil salió adelante de la prueba del 8 de enero de 2023, porque hubo instituciones que se opusieron al intento golpista. Hay que recordar que, desde dos años antes, el entonces presidente dirigió y coordinó acciones para no reconocer el posible triunfo de su adversario, cerrar el Congreso y acabar con el Poder Judicial. Instituciones como un Congreso en el que Lula está en minoría, pero que, sin embargo, aprobó el juicio contra Bolsonaro y un Poder Judicial autónomo. En México, prepáremonos para impedir una reforma electoral regresiva y para participar masivamente en 2027.
- Nota: En la redacción de la versión impresa, queda implícito que Bolsonaro era aún Presidente el 8 de enero de 2023. No es así. Los presidentes toman posesión el 1o de enero.
