REIKIAVIK. — Islandia es un país fascinante, no sólo porque su condición geográfica lo ha dotado de la mayor actividad volcánica del planeta, sino porque la ha sabido aprovechar para convertirse en una pequeña gran potencia.
Con menos de medio millón de habitantes, su nivel de vida es el más alto de la Tierra y, por cierto, es la segunda nación más cara; precisamente, una de sus mayores fortalezas es la generación de energía, la misma que desató la erupción del volcán Eyjafjallajökull que dejó en tierra cien mil vuelos en 2010.
Su visión sorprende, pues combina la competencia de libre mercado de los estadunidenses con la solidaridad de los europeos en materias como salud y educación.
Aquí todos hablan inglés e islandés y no hay escuelas privadas, pues son innecesarias, ya que los sistemas docentes pagados con recursos públicos ofrecen todo lo necesario, antes de que los jóvenes partan a otros países en busca de especializaciones.
No hay ejército y los dos rubros que demandan la mayor parte del presupuesto público son los ya mencionados.
Sobre el turismo, su visión también es peculiar, pues por una parte tienen enormes atractivos naturales y, por la otra, están desarrollando cada vez más productos que recrean esos atractivos.
Reikiavik, la ciudad que fundaron los vikingos, significa Bahía Humeante, pues cuando arribaron vieron precisamente los géiseres y los volcanes que daban la impresión de que esa tierra se estaba quemando.
De hecho, hay cavernas que se internan kilómetros debajo de la superficie y cuando Julio Verne conoció el glaciar Snaefellsjökull, tuvo la inspiración para escribir Viaje al Centro de la Tierra; hoy visitarlo es otro tour que cualquiera puede contratar.
Islandia tiene cascadas increíbles, producto de los deshielos, que caen casi por todas partes; unos arrecifes que quitan el aliento, no sólo por lo caprichoso de sus formas, sino además por su belleza y la gran cantidad de aves que habitan en ellos.
Como los frailecillos, parecidos a “pingüinos voladores”, con vistosas aplicaciones rojas en el pico durante la época de procreación, que se vuelven grises en el casi interminable invierno.
Ahora que es primavera, supuestamente el sol cae a la medianoche y sale a las dos de la mañana, pero la realidad es que hay luz todo el día y toda la noche, así es que es uno de los pocos países donde se siguen jugando rondas de golf a las tres de la mañana.
Precisamente, todos los retos de la naturaleza son aquí motivo de disfrute y de desarrollo de productos turísticos.
Nada mejor que llegar e ir a un museo que se llama Perlan, donde se reproduce una de las famosas cuevas de hielo para quien no es un expedicionario y quiere probar una caminata a 10 grados bajo cero.
También allí hay un simulador para “sobrevolar” una erupción y un planetario para ver las auroras boreales; el “lava show”, otra empresa, calienta magma real a más de mil grados mientras el presentador comparte información sobre ella.
Al mismo tiempo, varias empresas ofrecen sobrevuelos en helicóptero para aterrizar junto a un géiser o sobre un glaciar.
La realidad y la recreación conviven en un país que ha probado que la imaginación es lo más importante para lograr el desarrollo y elevar el bienestar de sus habitantes.
VACACIONES
Esta columna se publicará hasta el lunes 6 de julio, por un viaje a Groenladia.
