¿Habrá recibido la presidenta Claudia Sheinbaum una asesoría adecuada antes de enviar el Paquete Económico al Congreso y proponer un aumento de casi 36% en el Derecho de No Residente, que llegará a mil 335 pesos?
En su iniciativa de la Ley de Ingresos para 2027, la jefa del Ejecutivo señala que el propósito será digitalizar los procesos de migración, darle dinero al Tren Maya y aumentar la bolsa de recursos fiscales.
Durante todo este año hemos escuchado sistemáticamente a la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, mostrar cifras de un sector aparentemente en jauja y, además, en un México que “está de moda”.
Un planteamiento que no toma en cuenta la caída en la llegada de turistas estadunidenses, los que más gastan, a los principales destinos de playa del país, debido a factores de difícil solución entre los que destaca el aumento internacional del precio de la turbosina debido al conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Precisamente ese incremento de 35.8% que será de 55% si se le suma el previo de este 2026, sería “engrapado” a los pasajes aéreos entre México y Estados Unidos, que ya se han encarecido 13% promedio por el combustible.
Para ponerlo en términos más simples, si un boleto Estados Unidos-México costaba 100 dólares hace dos años incluyendo el DNR; en caso de que pase la iniciativa, costará ahora 156 dólares.
Pero allí no para el problema, porque en estos dos primeros años del gobierno de Claudia Sheinbaum el peso se ha vuelto 13.5% más caro frente al dólar, lo que también desincentiva la llegada de estadunidenses a México.
Mientras, en República Dominicana, un competidor creciente del Caribe mexicano, el peso RD sólo se ha apreciado 1.56% frente al dólar en estos 24 meses y la llamada “tarjeta de turista”, equivalente al DNR, se ha mantenido en 10 dólares.
Además, esta última cantidad se invierte en su totalidad en la promoción del destino, mientras que de toda la captación del DNR ni siquiera se menciona un mínimo porcentaje para este propósito.
Ni los megaproyectos de las Fuerzas Armadas ni los temas de seguridad migratoria abonan a la competitividad turística de México, que efectivamente se seguirá debilitando frente a otros países receptores de viajeros.
Así es que el potencial incremento al DNR es más o menos como echarle gasolina al fuego y recuerda al presidente Hoover cuando, guardadas las proporciones, en la crisis de 1929 aumentó de 25 a 63% el impuesto corporativo, con la idea de que así no se endeudaría el gobierno.
Entonces se cayó al consumo y la economía se hizo pedazos. Aquí en México es muy probable que con estos sobreprecios la llegada a estadunidenses que se está reduciendo en 500 mil viajeros este año, lo haga incluso a un ritmo más acelerado.
Con este panorama inverosímilmente agravado sólo los competidores de los grandes destinos mexicanos de sol y playa, como Hawái, República Dominicana, Jamaica, Bahamas y Costa Rica, seguramente ya comienzan a frotarse las manos, pues van a buscar cómo repartirse esa rebanada de pastel que México podría dejar sobre la mesa.
DIVISADERO
Desafío.— Hasta ahora, los únicos empresarios que han puesto el “grito en el cielo” por la iniciativa del DNR han sido los que forman parte del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano. Otros organismos privados deberían sumarse, pero ya veremos.
