Si no es porque así la cuenta él mismo, la historia de negocios de Alberto Gutiérrez, fundador de Civitatis, suena a un relato inverosímil.
A los 20 años este emprendedor, nacido en Valladolid, España, tenía como tantos jóvenes poco dinero y muchas ganas de viajar.
Estudiante de Informática, se le ocurrió comenzar a publicar unas guías gratuitas en línea y después pensó que lo único que necesitaba era poder organizar unos cuantos viajes, que le dieran a ganar 200 euros para conocer un lugar diferente cada mes.
“Ése era básicamente mi plan de negocios, pero se complicó…”, siguió relatando como si fuera un abuelo y no un millonario tecnológico de 41 años.
Hoy en el mundo hay varias apps que hacen lo mismo pues lanzó una plataforma para que la gente de diversos países ofrezca sus servicios como guía de turistas y le paguen a su empresa una comisión por haberle puesto al cliente en línea.
Muchas personas han ganado dinero en el camino junto con él, como su primer guía en Praga quien terminó siendo propietario de una flotilla de vehículos con la que ofrece recorridos por esa bellísima ciudad, junto con varios colaboradores.
Luego como en toda buena historia de turismo y tecnología, apareció un fondo de inversión, Vitruvian Partners, que aceleró esta plataforma de la que ya tiene 53 por ciento.
Pero lo que parece más notable es que después de trabajar arduamente dos décadas, se haya dado cuenta que se había desviado de su propósito de viajar para convertirse en CEO de una empresa global.
Así es que vio que Andrés Spitzer tenía la energía y la pasión para dirigir el negocio, así que ahora es presidente del consejo y fundador y ya está viajando otra vez… Por ejemplo al espacio, pues es uno de los pocos turistas acaudalados que ha llevado Jeff Bezos a una misión espacial con Blue Origin. Claro que la pregunta más procaz que se le puede hacer al respecto es cuántos millones de dólares tuvo que pagar por darse ese gustito.
Y claro que fue la única pregunta que no respondió, pues también firmó un convenio de confidencialidad para no divulgar esa cifra.
En esos 10 minutos que flotó dentro de la cápsula debido a la gravedad cero, nunca le vino a la cabeza esa reflexión de lo pequeño y frágil y bello que es el planeta Tierra.
Más bien se estaba riendo al darse cuenta hasta dónde había llegado con una idea y aceptó que en esta vida puedes hacer lo que te propongas.
Por ejemplo, comprar el icónico edificio Tío Pepe en Madrid para convertirlo en un hotel repleto de detalles a su entero gusto; además de que dice estar listo para cuando Bezos saque sus viajes a la luna.
Laura Rodríguez y yo lo entrevistamos en el Tianguis Turístico de Acapulco, puerto a donde llegó en un coche rentado tras recorrer el fin de semana previo lugares como Tepoztlán, Cuernavaca, Xochicalco y Taxco.
“Vaya que en México tienen nombres raros”, nos dijo.
Esa tarde lo invitamos a playa Bonfil para que probara el mejor pescado a la talla en un changarro que se llama Las Gaviotas.
Nos dijo que no podía, pues tenía otras dos entrevistas, pero hora y media después llegó con todo su equipo para comprobar si era tan bueno ese pescado, pues, como quedó claro, le gusta viajar y comer.
