El último día de julio, Marte Molina, quien hasta ahora ocupa la Dirección General de Gestión Social de Destinos de la Secretaría de Turismo (Sectur), dejará de colaborar en la dependencia.
Él presentó su renuncia, en lo que ya era la “crónica de una muerte anunciada”, una situación lamentable después de que durante años fue un colaborador cercanísimo a Josefina Rodríguez, titular de la dependencia, quien le perdió la confianza.
Molina tiene solidez técnica, hizo una buena alianza entre la Sectur y BBVA; logró hacer una clasificación sólida de los casi 200 Pueblos Mágicos; pero, desafortunadamente, la dependencia se encuentra en un momento en que la estructura y organigrama se volvieron adornos poco atractivos.
Una situación que ocurre cuando la llegada de turistas internacionales por vía aérea ya cayó en junio a un ritmo de dos dígitos y en donde el Mundial no cumplió con las expectativas de rescatar las cifras de este año turístico.
Además del caso de Molina, precedido por la salida de Emmanuel Rey de la dirección de Inversiones, hay una instrucción de la titular de la Sectur acerca de que se vayan todos los funcionarios de la pasada administración de Miguel Torruco, así es que, en lugar de estar concentrados en la chamba, todo el mundo está movido al grito de “¡sálvese el que pueda!”.
Algunos lo están logrando, como José Roberto Gómez del Villar, oficial mayor, y José Gabriel Rosillo, director federal de Fomento y Desarrollo Regional, pues ambos administraron recursos en la época de Torruco.
Junto con Molina se van los miembros de su equipo y también Fabiola Cordero Rebollo, directora general de Seguimiento y Evaluación.
El verdadero problema está en la forma en que está operando la secretaría porque, aunque existen reglamento interior, manuales de organización y organigramas, en los hechos, las direcciones generales parecen intercambiarse como “estampitas del Mundial” entre la subsecretaría y las dos unidades que antes fueron subsecretarías.
La regla no escrita es que no importa en dónde está adscrita un área, sino con quién tiene química un funcionario, más allá de quién tiene la firma y rinde cuentas.
Otro ejemplo es Promoción y Asuntos Internacionales, encabezada por Mariana del Carmen Díaz, que, en la práctica, reporta a la Unidad de Innovación Turística de Miguel Aguíñiga, aunque, para firmas y administración, depende de la subsecretaria Nathalie Desplás.
También está Inversión Turística, antes encabezada por Emmanuel Rey y ahora por Ana Montaño, vocera de la 4T y exparticular de la titular, que formalmente depende de la subsecretaría, pero, en los hechos, rinde cuentas a la Unidad de Información y Política Turística de Patricio Carezzana.
Sustentabilidad Turística, que, en teoría, tendría una lógica institucional definida, pero, en la práctica, se mueve bajo la órbita del propio Carezzana.
Pueblos Mágicos, cuyo relevo todavía no se hace oficial, depende de Desplás, pero en realidad es de Aguíñiga; Estadística y DataTur también pasarán a Desplás, aunque, por facultades, están en la Unidad de Información y Política Turística.
La lista es mucho más larga, así es que, citando a un clásico: “Detrás del aparente desorden, hay un absoluto desastre”.
Hoy, más que una simple renovación de cuadros, lo que se observa es que continúan las sacudidas internas con dedicatoria.
Otro “juego de las sillas” en el que algunos torruquistas salen por la puerta de atrás, otros se quedan sentados y varias direcciones generales cambian de dueño sin modificar el letrero de la oficina.
