Un año más
Durante 2017, algunos nos quejábamos porque en las campañas presidenciales la educación representaba un papel pobre, a veces ni aparecía en el reparto. En 2018, fue al revés
Titulé mi primer artículo de este año, “La contienda por la educación pinta en 2018” (Excélsior, 03/01/2018). Contra mi costumbre, me permití pronosticar que: “los debates alcanzarán tonos altos, habrá diatribas, más que discusiones serenas. Los discursos serán polares, las antípodas se identificarán con el retorno al sistema que teníamos antes o la continuidad de la Reforma Educativa que inició el gobierno de Enrique Peña Nieto”.
No me equivoqué, aunque reconozco que ese vaticinio no tenía nada de augurio (entendido como adivinanza), era fácil de percibir lo que se avecinaba. El candidato Andrés Manuel López Obrador ya había anticipado desde diciembre de 2017: “Quiero hacer desde mi tierra, desde mi agua, un compromiso con todo el magisterio nacional, que al triunfo de nuestro movimiento se va a cancelar la mal llamada Reforma Educativa… No va a continuar esa farsa…”. Lo que no vaticiné es que los otros candidatos le dejarían a López Obrador el foro, hablaron poco y débil de la reforma, por más que sus partidos la habían impulsado en el
Pacto por México.
Algunos investigadores de la educación nos quejábamos porque en las campañas presidenciales, la educación representaba un papel pobre, a veces ni aparecía en el reparto. En la de 2018 fue al revés. No obstante, en realidad se habló poco de la educación. Lo que se debatió fue la política educativa, la evaluación de maestros, el Servicio Profesional Docente y la función del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Las voces de la disidencia agrupada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y de académicos afines, clamaban por su desaparición y el candidato AMLO se comprometió a desaparecerlo.
Ya pasadas las elecciones, hubo lides, sí, pero entre grupos y corrientes sindicales. Como era previsible, Juan Díaz de la Torre se despidió del poder. Apostó por la continuidad, mas el tiempo no le alcanzó para fundar su cacicazgo, como cualquier líder sindical que se respete. Hoy, tres camarillas se disputan el control del SNTE. La mayoritaria, que comanda Alfonso Cepeda Salas; la CNTE, que anda envalentonada por su alianza con el presidente López Obrador; y la de los fieles de Elba Esther Gordillo, que claman por su retorno.
Espero que no, pero el año que viene pinta igual: mucha discusión de la política, continuación de las broncas sindicales, pleitos por los recursos y poco de educación. Lo peor que puede pasarnos es que sigamos en lo mismo por el resto del sexenio. Empero, el 2018 se acaba mañana. Permítaseme hacer un pequeño recuento personal. Con esta pieza completo 104 artículos en Excélsior. A partir del 30 de septiembre también tengo una columna quincenal, “Contienda por la Educación”, en la Revista Siempre! Tuve 47 intervenciones en la primera emisión de Imagen Informativa con Pascal Beltrán del Río, en Imagen Radio, con la etiqueta “Contienda por la Educación”.
El vocablo contienda me parece mejor para mis propósitos analíticos que disputa, riña, pendencia, altercado o algún otro sinónimo que implique contradicción insoluble. Trato de usar la palabra en tono narrativo, más que valorativo. Y La contienda por la educación fue el título que el Fondo de Cultura Económica me publicó a finales de octubre. Una pieza de la que estoy orgulloso por las horas de trabajo que le puse.
A partir de septiembre de 2017 disfruté de un periodo sabático que me concedió mi Universidad Autónoma Metropolitana. Fui investigador visitante por 10 meses en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), donde concluí la redacción de ese libro y comencé un nuevo proyecto.
Mis queridos amigos y lectores. Agradezco que pongan el ojo a mis escritos y de todo corazón les deseo salud y bienaventuranza para el nuevo año.
*Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana.
