Tipología de maestros

El gobierno y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, desde siempre administran sus palabras y se dirigen a un maestro abstracto.

Mañana festejaremos el Día del Maestro. Habrá homenajes y discursos de parte de autoridades y el presidente López Obrador tendrá una comida con dirigentes sindicales; imagino que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación no participará. Habrá apapacho y alabanzas y, por supuesto, denuestos a quienes no secunden la propuesta de cambio curricular y nuevos libros de texto.

El gobierno y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, desde siempre administran sus palabras y se dirigen a un maestro abstracto, como si todos fuesen de la misma estirpe, correctos y cumplidores. De acuerdo, muchos, la mayoría y quizá más mujeres que hombres, merezcan encomios, pero hay otros que no, de ninguna manera.

A reserva de hacer una tipología integral, con base en la memoria que guardo de mis años de primaria (de varones) y secundaria (hombres y mujeres), avanzo tres tipos de docentes de acuerdo con cómo se comportaban con sus alumnos. La premisa: todos tenían conocimiento y sabían de lo que nos enseñaban, aunque de diferente manera.

Carismáticos, aquí pondría a cinco de mis maestras de primaria. En primer lugar, por su buen trato para con sus alumnos; se preocupaban porque aprendiéramos, revisaban con cuidado las tareas que nos encargaban y nos daban clases claras, sintéticas y bien organizadas. Nos trataban con respeto y, si bien de vez en cuando tenían que disciplinar a alguno, primero apelaban al entendimiento; regaños sí, pero no insultos, menos castigos corporales.

Recuerdo con cierta claridad que la maestra Rita, que era exigente y si cometíamos alguna falta, nos suspendía el recreo y luego con buenas palabras nos decía lo que esperaba de nosotros para que distinguiéramos lo correcto y lo desatinado. Sin parafernalia, nos indicaba —y esperaba que distinguiéramos— entre el bien y el mal.

Cumplidores. Excepto uno que era normalista, mis maestros de secundaria fueron abogados, médicos, ingenieros y de otras profesiones universitarias. Tal vez no tenían entrenamiento pedagógico y enseñaban por intuición, pero se esforzaban en hacer un buen trabajo. Tuve unos severos y otros complacientes (barcos, les decíamos), no faltaban a clases y cuidaban las formas. Me tocaron dos excelentes “catedráticos”, que al igual que mis maestras de primaria, lo hacían muy bien.

Desobligados. Me tocaron ausentistas, groseros y chambones que no les importaba si aprendíamos o no. Ni siquiera revisaban las tareas que nos encargaban, pero sí se ponían bravos con las calificaciones. No se ganaban el respeto de los estudiantes.

Mañana recordaré con cariño a los docentes de los dos primeros arquetipos.

RETAZOS

La otra cara; violencia a martillazos. Excélsior publicó este viernes que, tras escuchar su nombre y su calificación, un alumno del Plantel 35 del Cobatab, en Cárdenas, Tabasco, asestó un golpe en la espalda con un martillo al maestro José Antonio Bonora Aguilar, quien tuvo que ser sometido a cirugía. Mal. ¡El señorío de la crueldad!i

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