Poder, amor y temor

Para el Presidente, quienes juzgan a los libros de texto por sus dichos y omisiones, no sólo son conservadores, ahora los acusa de fascistas.

El presidente López Obrador dijo que quería ser recordado como el mejor presidente que jamás haya tenido México. Con frecuencia habla del amor que le tiene el pueblo, por ejemplo, en sus tropezones con covid-19. Pero en las mañaneras despliega una narrativa polarizadora, de odio, dicen unos. Por ello, muchos le temen, y sus fieles le obedecen con fe ciega (o puede ser fingida). Parece que quiere ser amado y temido cual profeta en armas.

En El Príncipe, Nicolás Maquiavelo reflexionó: “Surge de aquí un dilema, a saber: si es mejor ser amado que temido o, al contrario. Al que se responde que lo mejor sería una y otra cosa al mismo tiempo, pero que, al ser difíciles de conciliar, es mucho más seguro ser temido que amado cuando se haya de prescindir de una de las dos”. Cavilo que López Obrador toma providencias.

En la mañanera del 22 de junio evadió un asunto en el que la SEP se ve mal y le saca la vuelta, al mismo tiempo que aprovecha para hablar bien de sí y de su proyecto, y embestir contra quien esté en desacuerdo o, aunque no lo esté, que no comulgue a pie juntillas con sus reconvenciones.

Alberto Marroquín Espinoza, un asiduo a las mañaneras que representa a portales de Quintana Roo y Querétaro, expresó al Presidente: “Fíjese que se viene un problema para la SEP en el tema de que se cambió una ley en 2021 (la Ley General de Educación Superior), la autorización para RVOES, que es la autorización para nuevos planes de estudio para todas las escuelas. Son más de cuatro mil 500 escuelas a las que se les viene este problema, porque, por ley, la SEP tenía que resolverles en 90 días hábiles; se tardó dos años en resolver esas autorizaciones”.

El Presidente respondió que no hay problema, que las escuelas particulares de cualquier manera funcionaron y que pronto se resolverá el problema. Y, sin que viniera al caso obró: “Donde se espera que haya resistencias es en lo de los libros de texto, ahí ya están los abogados de Claudio X. González y todos los fachos, ya han presentado amparos”. Para el Presidente, quienes juzgan a los libros de texto por sus dichos y omisiones, no sólo son conservadores, ahora los acusa de fascistas.

Y junto con la diatriba contra las reformas neoliberales que promovían el conocimiento probado, el aprendizaje de matemáticas, ciencias y dominio de la lengua y la lectoescritura, manifestó: “Pues no, ahora es humanismo científico, o sea, ciencia, pero con humanismo, y eso no les gusta, no tiene que ver con el pensamiento conservador ni con Iturbide ni con Maximiliano ni con Porfirio Díaz ni con Salinas…” De las críticas que he leído a la nueva generación de libros de texto gratuitos, ninguna aboga por exaltar a Iturbide, Maximiliano o Díaz, menos a Salinas. Pero lanzó la consigna de humanismo científico y sus fieles la repetirán.

En la parafernalia de las mañaneras López Obrador persiste en la idea de ser amado —y recordado junto con Hidalgo, Juárez y Madero—, pero lanza hachas de guerra contra quien disienta de sus homilías.

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