Día Internacional de la Educación

La Asamblea General de la ONU volvió a tomar la batuta y, en 2018, determinó que el 24 de enero debe conmemorarse el Día Internacional de la Educación. Ya no sólo como derecho humano, herramienta para el progreso y búsqueda de la paz mundial, sino también como un bien público y responsabilidad colectiva.

Hace muchos años, en un seminario en Oaxaca del equipo de investigación sobre el federalismo educativo, discutimos si valía la pena celebrar el Día del Maestro, en medio de un ambiente de pobreza y exclusión, de conflictos y proyectos fallidos. Tras un rico debate acerca del simbolismo de ese festejo y los usos que cada segmento le da, concluimos que, a pesar de los males, siempre es necesario contar con una alegoría que permita levantar el ánimo a los educadores y esparcir la esperanza de que es posible mejorar.

Uno de los puntos de esa alegoría fue integrar la educación en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 26), desde 1948. Después, la Unesco destacó la importancia de los sujetos del hecho educativo, infantes y docentes. Los pasos importantes en el ambiente internacional fueron la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989. Es el tratado de derechos humanos con el mayor número de ratificaciones en el mundo.

El Día del Maestro es una festividad mexicana que instauró el presidente Venustiano Carranza en 1918. Por iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo, la Unesco estableció criterios de referencia en cuanto a derechos y responsabilidades del personal docente y normas para su formación inicial y perfeccionamiento, la contratación, el empleo y las condiciones de enseñanza y aprendizaje. La Unesco instituyó en 1994 que el 5 de octubre debería festejarse el Día Mundial de las y los Docentes.

Unos años antes de aquel seminario, apareció el libro compilado por Jacques Delors, La educación encierra un tesoro. La Unesco lo promovió para divulgar que la educación es un derecho humano y que es obligación de los gobiernos ofrecerla a los futuros ciudadanos. Ese libro fue esperanzador, ya no sólo alumnos y docentes eran parte del hecho educativo, había infinidad de actores en la sociedad, los padres de familia en primerísimo lugar. Además de universal y obligatoria, la educación debería fomentar el conocimiento, la equidad y actuar en contra la discriminación. Asimismo, fomentar el respeto a las mujeres, las minorías y los diferentes. Definió cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser.

Parecía obvio que faltaba una insignia mayor, más incluyente, que abarcara la complejidad de la educación en el mundo y sus aspectos clave. La Asamblea General de la ONU volvió a tomar la batuta y, en 2018, determinó que el 24 de enero debe conmemorarse el Día Internacional de la Educación. Ya no sólo como derecho humano, herramienta para el progreso y búsqueda de la paz mundial, sino también como un bien público y responsabilidad colectiva. El lema de este año: Inteligencia artificial y educación: preservar la autonomía en un mundo automatizado. La Unesco definió tres características que permitan medir si la educación de algún país o región cumple o no con sus fines y tareas concretas: acceso, calidad y equidad. Tal vez, junto con la ceremonia y fanfarrias (que de seguro habrá), tal vez sería conveniente aprovechar el día para ver si el Estado y la sociedad mexicana cumplimos con esos postulados.

¿Qué tan amplio es el acceso a la escolaridad? ¿Es gratuita, universal e incluyente? ¿Subsisten la discriminación y la desigualdad? ¿Impulsan el Estado y la sociedad medidas para incluir a los marginados? ¿Hay suficientes escuelas y modalidades educativas? ¿Tenemos suficientes docentes formados, libros e infraestructura adecuada? ¿Están equipadas las escuelas?

¿Son de calidad aceptable para la mayoría los modelos y métodos pedagógicos? ¿También los planes y programas de estudio, libros de texto y materiales?

¿Se adaptan la enseñanza y el aprendizaje a las necesidades de los infantes de acuerdo con el principio del interés superior de la niñez? ¿Son aceptables los horarios y el idioma (nacional, lenguas maternas) en que se ofrece la educación?

Sí, festejemos el Día Internacional de la Educación, pero también analicemos las deficiencias del sistema educativo mexicano.

RETAZOS

Aquel seminario de Oaxaca dio a luz al libro colectivo Política, poder y pupitres.

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