La CNTE se reanima

La semana pasada cometí un error. Lo reconozco sin ambages: me dejé llevar por el discurso presidencial y argumenté que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación había perdido ímpetu, que su capacidad de movilización y presión se había diluido ante una nueva estrategia gubernamental. La declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum fue clara y contundente: ya no habría negociación con los líderes sindicales, sino diálogo directo con los maestros en las escuelas. El mensaje buscaba debilitar el poder de las cúpulas disidentes y presentar a la Presidenta como una gobernante cercana a las bases. Sonaba bien, parecía que anunciaba un cambio de época. Pero apenas duró tres días.

El regreso a las mesas de negociación en la Secretaría de Gobernación fue veloz. La administración federal, que había alzado la voz con firmeza, se sentó de nuevo frente a los representantes de la Sección 22 de Oaxaca, la 7 de Chiapas y la 14 de Guerrero, entre otras. Y el guion, con variaciones menores, se repitió: la CNTE obtuvo raja. No toda, es cierto, pero sí la suficiente para recordar que mantiene su poder de fuego, aunque ya no esté intacto. El movimiento magisterial disidente, que ha parado ciudades, tomado planteles y cerrado carreteras, demostró una vez más que no se doblega ante declaraciones, por más altisonantes que sean.

El resultado de este forcejeo, sin embargo, no fue homogéneo. Las secciones de Guerrero, Chiapas y Zacatecas quedaron fuera del beneficio inmediato. Sus demandas y sus pliegos petitorios tendrán que esperar. El gobierno logró dividir el frente para evitar una conflagración mayor. Pero no hay que engañarse: el respiro es temporal. Los maestros disidentes tienen memoria y, sobre todo, tiempo. Tiempo para afilar de nuevo las garras, reorganizarse y regresar con fuerza renovada. El próximo agosto, cuando el ciclo escolar esté en marcha y las condiciones políticas se redefinan, la CNTE podría volver a rugir. Aunque ya no tendrá la visibilidad que alcanzó con la amenaza de boicotear el Mundial y de no dejar rodar el balón, cuenta con sus armas tradicionales: paros, tomas de casetas (y tal vez de instalaciones mayores, como el bloqueo a la distribuidora de Pemex en Oaxaca) y plantones para dañar al comercio y a la ciudadanía.

Lo ocurrido esta semana en el conflicto magisterial deja varias lecciones. La primera es que la retórica presidencial, por más seductora que parezca, no doblega la realidad de una organización con décadas de experiencia en la lucha gremial. La segunda es que el gobierno, pese a su discurso de ruptura, sigue recurriendo a las viejas prácticas de negociación con las cúpulas, porque es el único mecanismo que conoce para desactivar las crisis. Y la tercera, quizá la más importante, es que la CNTE no es un movimiento que se apague con un discurso, ni siquiera el del humanismo mexicano o la Nueva Escuela Mexicana. Es un actor político con raíces profundas, capacidad de convocatoria y paciencia estratégica que sus adversarios no logran medir.

La paradoja es que Andrés Manuel López Obrador vivificó a la CNTE, cuando el de Peña Nieto la había domesticado, al igual que a la facción mayoritaria. Hoy el gobierno de Claudia Sheinbaum paga las consecuencias de una decisión populista. Corrijo: el gobierno no cubre lo que se llevan los docentes rebeldes; son los estudiantes de las regiones más pobres de México quienes pierden clases, no aprenden y crece la inequidad. También paga la ciudadanía, el comercio e industria afectados, los transportistas y trabajadores que no pueden llegar a sus lugares de empleo.

Parece una mala broma la declaración del secretario de Educación Pública, Mario Delgado, de que los recursos que soltó el gobierno no fueron para que terminara la huelga, sino “para fortalecer la atención del rezago educativo y garantizar la continuidad de los servicios escolares en beneficio de niñas, niños, adolescentes y jóvenes”.

El león no ha perdido sus garras, sólo las ha escondido a la espera del momento para volver a enseñarlas. Mientras tanto, el gobierno celebrará haber contenido el incendio. Pero pienso que la ceniza sigue caliente. Agosto está a la vuelta de la esquina.