La casa de enfrente

Parafraseando un clásico: “En la casa de enfrente no cantan mal las rancheras”. En mis artículos de los dos miércoles anteriores abordé la reunión de la presidenta Claudia Sheinbaum con los dirigentes de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, vanguardia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Destaqué los beneficios que obtuvieron gracias a su estrategia de león levantisco. Un reportaje de investigación de Rolando Herrera en Reforma (16/08/26) muestra, con evidencia, cómo la dirigencia de la Sección 36 del SNTE recolonizó el gobierno de la educación básica en el Estado de México.

El reportero no usa la palabra recolonización, pero documenta con precisión que el gobierno del Edomex delegó en esa sección, el control de la nómina y la gestión administrativa de más de 100 mil docentes, junto con un presupuesto de 46 mil millones de pesos. Le entregó la dirección de los Servicios Educativos Integrados del Estado de México, el organismo que conduce la educación básica y que, antes del Acuerdo de 1992, administraba el gobierno federal: territorio, en su momento, de Elba Esther Gordillo. El reportaje ilustra que los funcionarios afiliados al sindicato manejan la contratación, los ascensos y las condiciones laborales y, demuestra que esa medida convierte al sindicato en representante de los docentes y, a la vez, en su empleador de facto. Documenta, además, que al menos 68 de los 106 puestos clave de la SEIEM están en manos de docentes sindicalizados, muchos en cargos de alta responsabilidad.

En libros y ensayos he explicado que las facciones del SNTE colonizaron y se apropiaron del gobierno de la educación básica en un proceso largo, iniciado en 1946, gracias a un acuerdo de subordinación al presidente de la República en turno. Los maestros, según Carlos Jonguitud Barrios, uno de los caciques históricos del sindicato, eran los plomeros electorales del PRI. Pero el arreglo no salía gratis: a cambio, sus líderes recibían canonjías y oportunidades de ascenso político. Con el tiempo, las camarillas sindicales ganaron grados crecientes de autonomía, al punto de que la Subsecretaría de Educación Básica llegó a ser una posición del SNTE.

El corporativismo priista se consolidó con fuerza en las filas sindicales; la corrupción, ilegítima, pero institucionalizada, se volvió agua de uso corriente. Se llegó al colmo de que las plazas docentes se heredaran, alquilaran o vendieran, bajo la supervisión de los líderes de facción, apoderados del ingreso, de la promoción, de la distribución de estímulos y de los cambios de adscripción de cada maestro. Dueños, en los hechos, de sus trayectorias profesionales. Así fue hasta que la reforma de Enrique Peña Nieto, mediante el Servicio Profesional Docente y la evaluación, les arrebató ese control. Con la elección de Andrés Manuel López Obrador y la reforma al artículo tercero, de 2019, las aguas volvieron a sus viejos cauces, aunque la CNTE nunca se ajustó del todo a las demandas de Morena.

Alfonso Cepeda Salas, en cambio, avanzó con la estrategia del zorro: sin aspavientos ni declaraciones altisonantes, con sumisión aparente a las directrices de la Cuatroté, encaminado a recolonizar las dependencias de educación en los estados. De nuevo, ofreció a los maestros como plomeros electorales, esta vez de Morena. Rolando Herrera muestra que, en 2023, la Sección 36 desarrolló el “Programa Estratégico de Operación Corredor Azul”, diseñado para apoyar a los candidatos de Morena en las elecciones municipales, estatales y federales de 16 municipios clave del Edomex.

La estrategia consistió en identificar a docentes, padres y beneficiarios de programas gubernamentales afines a Morena; movilizarlos para obtener réditos electorales y aprovechar recursos y programas escolares en zonas de alto valor electoral. A los responsables escolares —jefes de sector, supervisores y directores— se les encargó promover las obras y los programas del gobierno entre las comunidades seleccionadas. Cosecharon votos.

En fin, la educación mexicana sigue prisionera de los afanes ideológicos de la Cuatroté y de la mezquindad de las facciones del SNTE. ¡Triste realidad!