¿No son iguales? El segundo piso de la corrupción

La principal fuente de ingresos del país, las remesas desde Estados Unidos bajaron 8.3% en agosto, la quinta caída del año. El endeudamiento que dejó López Obrador ha provocado el recorte de miles de millones del presupuesto federal, dando prioridad a los programas sociales en los que basa su popularidad.

Durante 18 años el candidato, y después presidente, López Obrador, le dijo a los mexicanos que en su Presidencia primero serían los pobres; que se acabaría la corrupción; que metería a la cárcel a los presidentes anteriores; que no existiría el nepotismo ni el enriquecimiento de familiares en su gobierno; que el país crecería entre 4 y 6%; que eliminaría la corrupción; que la gasolina costaría $10 pesos; que tendríamos un país más seguro con menos muertes violentas, masacres, feminicidios, asesinatos de periodistas, desaparecidos: adiós a la impunidad. Prometió enfrentar a Trump y acabar con el crimen organizado dando abrazos, no balazos, al mismo tiempo que visitaba a la madre de El Chapo y liberaba a uno de sus hijos.

Ocultó el gasto público de los trenes Maya y Transístmico, además de que aseguró que no se cortaría ni un solo árbol ni se dañaría el medio ambiente con esas obras. Mintió en el costo del AIFA y de Dos Bocas; dijo que sacaría al Ejército de las calles y que la Guardia Nacional mantendría sus mandos civiles; que encontraría y daría justicia a los 43 de Ayotzinapa; que no se violarían los derechos humanos; que respetaría a la Suprema Corte y a los órganos autónomos como el Inai y el INE; que no habría censura ni persecución a opositores. Aún no existe la vacuna Patria y más de 800 mil mexicanos murieron en la pandemia; creó un desabasto de medicinas, destrozó el sistema de salud y el sistema educativo; eliminó guarderías y refugios para mujeres violentadas. Éstas son algunas de las más de 130 mil mentiras a lo largo de su sexenio, el de los otros datos.

La campaña de la candidata Sheinbaum se basó en la popularidad de su antecesor y en los programas sociales que regalan tanto dinero generado por tan pocos mexicanos. Ella misma dijo que su gobierno es el “segundo piso de la transformación”, por lo que es difícil distinguir si es el primer año de la primera mujer Presidenta o el séptimo año del gobierno comenzado por López Obrador, debido a algunas diferencias forzadas y muchas similitudes.

Es entendible que la habitante del Palacio Nacional no haya marcado distancia de quien la seleccionó como su sucesora, por lo menos no antes de la fecha de la posible revocación de mandato, porque está claro que, si se sale del huacal, el cacique tabasqueño podría hacerle la mala jugada. Tiene casi todo a su favor: Morena y sus aliados controlan a los tres Poderes de la Unión y tienen en sus bolsillos, o amedrentados, a los empresarios de México. Pero no contaban con el factor Trump: esto ha obligado a la actual administración a terminar con los abrazos y comenzar a combatir a los cárteles de las drogas, bajo amenaza de ataques estadunidenses sobre territorio mexicano, algo que sería una debacle política. La principal fuente de ingresos del país, las remesas desde Estados Unidos bajaron 8.3% en agosto, la quinta caída del año. El endeudamiento que dejó López Obrador ha provocado el recorte de miles de millones del presupuesto federal, dando prioridad a los programas sociales en los que basa su popularidad.

En cuanto se fue López Obrador, se acabaron las falsedades de la austeridad republicana y la pobreza franciscana, mientras se resquebraja la cohesión política en sus filas. Además de los ostentosos viajes veraniegos de miembros del partido, se han destapado los nexos del líder del partido en el Senado, Adán Augusto López, con el cártel de La Barredora, de la cual fue líder el exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, en funciones cuando el senador era gobernador; además se filtraron sus descomunales ingresos en los últimos años, con una riqueza acumulada totalmente incompatible con sus ingresos y responsabilidades como funcionario.

Pero lo peor es el fraude de más de 600 mil millones de pesos por huachicol fiscal cometido en el sexenio anterior y planeado por altos mandos de la Marina y “empresarios” corruptos y nuevos multimillonarios. Esto hace palidecer a la Estafa Maestra (7 mil millones) y al fraude a Segalmex (15 mil millones). Pero en algo sí concuerdo con López Obrador: nada de esto sucede sin que el presidente (o Presidenta) se entere. Y sí, no son iguales a los anteriores: el segundo piso es peor.

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