La Constitución establece las siguientes obligaciones del gobierno de México: proveer seguridad pública, protegiendo la vida, integridad y bienes de la población; garantizar a sus ciudadanos el acceso a los derechos básicos de salud, educación y justicia; administrar los recursos públicos a través de la recaudación de impuestos y el control del presupuesto nacional; crear, aplicar y cumplir leyes establecidas para la convivencia social; informar de manera transparente el proceso de toma de decisiones así como el uso de los recursos, actuando bajo los principios de legalidad, honradez, eficacia e imparcialidad.
Si usted ha vivido en México, sabe que el párrafo anterior es un sueño guajiro que, dependiendo del día, nos provoca enojo, indignación, ganas de llorar o de reír, porque sabemos que esto no sucede. Nuestro país nunca ha sido un espejo de rectitud, pero desde la llegada de Morena a la presidencia comenzó la destrucción de la incipiente democracia, el aumento descontrolado de la corrupción, la virtual desaparición de los contrapesos. La ineptitud gubernamental y la falta de propuestas y líderes de oposición nos han llevado a una debacle. A esto hay que sumar la persecución abierta contra periodistas, intelectuales y cualquier figura pública que se atreva a disentir, exponer o alzar la voz ante los abusos, irregularidades, ineptitud, incompetencia, descaro y desfachatez de los servidores públicos en todos los niveles de gobierno y de todos los partidos.
Los indicadores internacionales en seguridad, educación, manejo de la economía, libertad de expresión, servicios de salud, procuración de justicia y transparencia, muestran el retroceso monumental que ha tenido el país desde que Morena tiene el poder. La prueba PISA (que López Obrador suspendió, convenientemente) señala un atraso de 20 años en la educación de los estudiantes mexicanos en comparación con la de los países que se encuentran en los primeros lugares de dicha prueba, ubicándonos en el penúltimo lugar de la OCDE. De acuerdo con The Economist, el país ha tenido el mayor declive en el mundo en cuanto a libertades civiles por el constante asalto a las instituciones democráticas, desmantelamiento del Poder Judicial y la militarización del país, así como la concentración del poder, transformando a México en un régimen híbrido basado en una autocracia.
La Organización Mundial de la Salud nos coloca en el lugar 72 de 171 en salud pública, donde los hospitales carecen de insumos elementales para llevar a cabo cirugías o cuidados primarios. Un ejemplo: hay más de mil cirugías pendientes en el Instituto Nacional de Cardiología debido a esas carencias. Casi 60% de quien trabaja en México lo hace en la informalidad, sin protecciones laborales y sin pagar impuestos, mientras que el otro 40% mantiene el peso enorme de sostener el presupuesto nacional, datos del Fondo Monetario Internacional.
Nuestro sistema de impartición de justicia y Estado de derecho ocupa el lugar 121 de 143 y el 112 de 179 en derechos humanos, de acuerdo con cifras del World Justice Project. Ocupamos el lugar 122 de 180 en libertad de prensa, el tercer país más peligroso para los periodistas, de acuerdo con Reporteros Sin Fronteras. El Índice Global de Crimen Organizado nos coloca en el tercer lugar mundial de criminalidad general y el primero en crimen organizado.
Todos estos indicadores que habían ido mejorando en los sexenios de Fox y Calderón se estancaron o comenzaron su descenso en la administración de Peña. López Obrador se dio a la tarea de crear un país con ciudadanos mal educados, pobres servicios sanitarios, sin justicia ni democracia, víctimas de cárteles y delincuencia común, pero dependientes del dinero gratuito regalado para asegurar la completa dependencia de los más necesitados del gobierno a cambio de votos.
La llegada de la primer científica a la Presidencia sólo sirvió para dar continuidad a las políticas de su predecesor; como buena populista, ignora y descalifica todo lo que señala los múltiples fracasos y sólo avala lo que la hace ver bien. La verdad es optativa, la corrupción rampante y la incompetencia evidente. Morena debería reprobar de año, pero hasta eso prohibieron en México.
