La carencia de grandes líderes

En nuestro país ya no existen las ideologías que, aunque diversas y a veces encontradas, proponían un país basado en ideales en beneficio de los mexicanos. Ahora, prevalecen los intereses individuales de gobernantes y partidos por encima de los intereses de todos los ciudadanos. Bien lo dijo el exsecretario y gobernador Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre político”.

¿Quién es un líder? Aquella persona que logra convencer a otros para que asuman como suyos los principios, ideas, misión y valores con un objetivo en común. Lo que separa a los líderes positivos de los negativos es que los primeros tienen como meta el bienestar y progreso de toda una comunidad, no sólo de sus seguidores, con principios y valores éticos compartidos, mientras que los negativos buscan el beneficio propio, y algunas veces el de sus seguidores, imponiendo sus perspectivas, sin importarles las formas ni el fondo, cueste lo que cueste, buscando destruir a quienes piensan diferente o representan una amenaza a su poder y posición. Esto no sucede solamente en las principales esferas políticas, empresariales y sociales; sucede en nuestras colonias, pueblos, trabajos, equipos deportivos, universidades, colegios y en cualquier lugar donde se necesita una posición de liderazgo. Todos conocemos a maestros, profesores e incluso jefes que marcan una diferencia: están los que apoyan, retan, desarrollan e impulsan el talento y las iniciativas de sus alumnos y subordinados; el caso opuesto es el de aquellos que, en las mismas posiciones, demeritan, denuestan o bloquean el crecimiento de sus alumnos y empleados para mostrar superioridad y poder, que normalmente utilizan para encubrir sus limitaciones, incompetencias e inseguridades.

Traslademos lo anterior a la situación política actual. Nos encontramos en una era donde el liderazgo (positivo) político y empresarial a nivel global se encuentra en su nivel más bajo desde hace casi 100 años, justo antes de la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, igual que hoy, muchas naciones eran gobernadas por líderes débiles e incompetentes y otras encabezadas por personas que basaban su agenda en la imposición de sus ideas y visiones, con la misión de imponerlos al resto del mundo a cualquier costo. ¿Suena conocido?

Nunca en la historia tantos países y personas han pasado tanto tiempo sin vivir en carne propia un conflicto armado de gran envergadura, viviendo en paz y con las mejores condiciones de vida que la humanidad haya conocido. Esto nos ha anquilosado, dando la razón a la frase de Michael Hopf: “Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean hombres débiles y los hombres débiles crean tiempos difíciles”. Justo estamos en la última parte de este ciclo continuo. La estabilidad mundial del último medio siglo ha dado paso a “liderazgos” insulsos, incompetentes y autocomplacientes, que se han desarrollado en dictaduras y democracias fallidas, provocando una ampliación en la brecha de distribución de riqueza en los países donde este fenómeno se ha enquistado, mientras que otros que se encuentran en una encrucijada para decidir sus futuros.

Estados Unidos fue el primer país en instaurar el concepto de democracia moderna al terminar su revolución en contra de la monarquía inglesa. El líder de sus ejércitos, George Washington, se negó a aceptar la tentación de ser nombrado rey, convirtiéndose en presidente con contrapesos equivalentes en el Poder Judicial y los representantes populares en el Congreso. Un concepto que Abraham Lincoln condensó en su discurso en Gettysburg: “Un gobierno de la gente, para la gente”. Es indudable que este país se convirtió en la gran potencia mundial que es hoy, no sólo por su poderío económico, militar y político, sino por haber basado su filosofía en los ideales de su declaración de independencia: “Vida, libertad y la búsqueda de la felicidad”. El país de Washington, Lincoln, los Roosevelt y Eisenhower, de Hamilton, Madison, Jackson y Franklin, ahora tiene en la presidencia a Donald J. Trump.

¿Usted cree que los líderes de cada país son los mejores representantes de cada nación? ¿De verdad cree que nuestros políticos representan lo mejor de México? ¿No existen mejores hombres y mujeres que serían más competentes que quienes nos han gobernado?

En nuestro país ya no existen las ideologías que, aunque diversas y a veces encontradas, proponían un país basado en ideales en beneficio de los mexicanos. Ahora, prevalecen los intereses individuales de gobernantes y partidos políticos por encima de los intereses de todos los ciudadanos. Bien lo dijo el exsecretario y gobernador Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre político”. ¿Será por eso que no conocemos a un político pobre?

La única manera en poner fin a este ciclo de gobernantes incompetentes e individualistas es que los ciudadanos aptos, capaces y comprometidos con México asuman el liderazgo y gobiernen al país. Para eso se necesita valor y agallas. ¿Quiénes se apuntan a tomar ese liderazgo que tanto necesitamos?

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