El cinismo republicano

Antes de que los seguidores, beneficiados y bots del gobierno actual comiencen con sus ataques personales en respuesta a este artículo con la cantaleta “pero el PRI robó más”, “el PRIANes la razón de que México esté así” y otras parecidas, recordemos que estos actos ni son nuevos ni exclusivos de la 4T. Todos los partidos que han gobernado padecen de los mismos males.

Hace un par de semanas, en este espacio, hablamos de la hipocresía: el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a lo que verdaderamente se tienen o experimentan. Esta condición sine qua non de muchos políticos de nuestro país a lo largo de su historia independiente y democrática moderna (que llega a su fin con la farsa electoral para formar la nueva SCJN y la consolidación de la nueva reforma judicial) no es el epítome de la corrupción. Lo es la ausencia de valores y el cinismo evidente en la mayoría de los dirigentes políticos, gobernantes y sus gabinetes, así como también presente en los miembros de los partidos políticos sin importar colores (porque de ideologías no queda nada), en líderes sindicales e incluso en la mayoría de quienes conforman lo poco que queda de los supuestos organismos independientes como el INE, la CNDH y la Fiscalía General de la República.

Al saberse no sólo protegidos, cobijados e intocables por un Poder Judicial debilitado que contará entre sus filas a cientos de nuevos jueces —sin experiencia, en el mejor de los casos, y sin capacidades y conocimientos jurídicos, en el peor— cooptados por favores políticos que los llevaron a sus antes insospechadas e inalcanzables posiciones de poder, la hipocresía que ejercen todos aquellos que necesitan el voto de los ciudadanos o de los agremiados para ganarse el sufragio popular, ha dado paso a un cinismo tan grande que resulta no sólo ofensivo, también es vomitivo para quienes anhelamos aún la grandeza de nuestro país.

Antes de que los seguidores, beneficiados y bots del gobierno actual comiencen con sus ataques personales en respuesta a este artículo con la cantaleta “pero el PRI robó más”, “el PRIAN es la razón de que México esté así” y otras parecidas, recordemos que estos actos ni son nuevos ni exclusivos de la 4T. Todos los partidos políticos que han gobernado nuestra nación padecen de los mismos males. El mantra de AMLO y Sheinbaum, “no somos iguales a los otros”, alegando una superioridad moral sobre sus predecesores en el poder, ha quedado destrozado este verano por el cinismo de miembros de su partido y de los propios herederos sanguíneos e ideológicos del expresidente López, que hipócritamente predican una “austeridad republicana” y una “pobreza franciscana”, mientras utilizan joyas, relojes, calzado y ropas de diseñadores, pagan comilonas y estancias en algunos de los mejores restaurantes y hoteles de Europa y Asia, viajan en primera clase alrededor del mundo (menos a Estados Unidos, no sea que se conviertan en el Fuego Ciento Uno) y pagan costos muy superiores a los que se pueden cubrir con salarios de servidores públicos o miembros de un partido político que, dicho sea de paso, pagamos todos los mexicanos con nuestros impuestos.

En 2016, el actor Will Smith, hablando de los problemas de discriminación contra los afroamericanos en su país, dijo: “El racismo no está empeorando. Está siendo filmado”. Hagamos la analogía con lo que sucede en México: la corrupción y los delitos cometidos por quienes ejercen el poder actualmente puede ser igual, o incluso hasta peor, que en los anteriores gobiernos, pero ahora está documentada tanto por valientes periodistas, activistas y ciudadanos comunes y corrientes —que se encuentran en sus caminos a los nuevos burgueses de la izquierda mexicana—, como por ellos mismos que caen en el cinismo absoluto de mostrar en redes sociales sus andanzas por el mundo después de sus “extenuantes jornadas de trabajo”. Aquellos que tanto desprecian el capitalismo, gozan y disfrutan sus mieles y placeres decadentes, mientras sus herederos estudian en los colegios y universidades privadas más caros de nuestro país y el extranjero; frente a los ciudadanos idealizan las “luchas sociales” de los obreros, trabajadores, campesinos y pobres del país para tener sus votos, mientras adoctrinan a los niños a través del deficiente sistema educativo, al mismo tiempo que los hospitales, calles, caminos, puentes e infraestructura en general se cae a pedazos. Dos terceras partes del país se encuentran dominados por el crimen organizado en sus diversas categorías, el sistema de salud no tiene insumos ni medicinas, el número de desaparecidos aumenta exponencialmente y los homicidios siguen rampantes, al igual que la impunidad en el sistema de justicia, junto con la ineficiencia e indolencia de los ministerios públicos que dañan a quien más los necesita: las víctimas.

Quienes usan la bandera de “primero los pobres” saben que necesitan ciudadanos ignorantes y sin ideologías contrarias que puedan perturbar su permanencia en el poder. En el país donde todos somos iguales, ellos se consideran más iguales que el resto.

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