¡Y apenas va un año!

Es normal que los políticos prometan cualquier cosa en campaña, pero Trump no es un político tradicional y está cumpliendo lo prometido. Se rodeó de ideólogos de ultraderecha y armó su nuevo gabinete con personajes inexpertos, pero incondicionales a sus deseos (también suena conocido). No iba a cometer el mismo error dos veces.

Parecen años, pero el 20 de enero Donald J. Trump cumple apenas el primer año de su segundo término como presidente de Estados Unidos. En su primer periodo presidencial, Trump intentó implementar su agenda jugando bajo las reglas del statu quo que habían regido al país durante años: su gabinete era en su mayoría políticos y empresarios evidentemente republicanos, pero no sus seguidores incondicionales. Un Congreso dividido y la Suprema Corte de Justicia con mayoría liberal evitaron que cumpliera todos sus deseos. Incluso fue llevado a juicio político, no una, sino dos veces. Sus políticas racistas contra las minorías latinas, afroamericanas y musulmanas, así como un pobre manejo de la economía y la incertidumbre que ocasionó dentro y fuera del país ayudaron a que Joe Biden ganara la presidencia.

Como todo narcisista, se negó a aceptar la derrota, clamando un fraude inexistente (¿a quién les recuerda?) y cometiendo delitos electorales flagrantes. Su discurso incendiario y el trabajo de sus asesores ideológicos, como Steve Bannon y Stephen Miller, desembocaron en la toma del Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero del 2021; la turba intentó linchar a líderes demócratas y al vicepresidente de Trump por certificar los resultados electorales. Nunca reconoció el triunfo de Biden y se negó a asistir a la ceremonia de transferencia del poder.

Pero si algo motiva a Trump es su ego, y nadie lo puede acusar de no aprender rápidamente. Se dio cuenta de que su poder verdadero no estaba con los republicanos, sino con su base: los seguidores incondicionales de su movimiento para hacer a Estados Unidos grande nuevamente (MAGA). Aprovechando el pésimo manejo de comunicación de la administración Biden y su incapacidad para arreglar la economía, basó su nueva plataforma electoral en denostar a su contrincante por su edad (aunque sólo sea tres años menor que él), haciéndose pasar como el único que podía arreglar el “desastre” en que se encontraba su país. Sus promesas sonaban extremas y descabelladas.

Es normal que los políticos prometan cualquier cosa en campaña, pero Trump no es un político tradicional y está cumpliendo lo prometido. Se rodeó de ideólogos de ultraderecha y armó su nuevo gabinete con personajes inexpertos, pero incondicionales a sus deseos (también suena conocido). No iba a cometer el mismo error dos veces.

En su primer año impuso aranceles a miles de productos de decenas de países, muchas veces sin un sustento real más allá de la percepción del presidente. Esto ha creado tensión y crisis en la sensible balanza comercial mundial, atacando a sus aliados históricos en Europa, Asia y también a Canadá, además de aumentar la inflación local, el colapso de cientos de negocios y el desabasto de productos foráneos. Las redadas de indocumentados llevadas a cabo por agentes federales, así como las deportaciones de dudosa legalidad, incluso de ciudadanos norteamericanos, a cárceles extranjeras, han ocasionado protestas en cientos de ciudades, sobre todo por el asesinato de algunos de los detenidos y de ciudadanos americanos a manos del infame ICE. Estos factores han encarecido los alimentos, los servicios de hospitalidad, limpieza y otros trabajos que eran llevados a cabo por los ahora perseguidos.

Desmanteló todos los programas de ayuda humanitaria patrocinados por Estados Unidos, al igual que las políticas de diversidad sexual y los tratados ambientalistas. Ha levantado demandas contra medios de comunicación que lo cuestionan, mientras sus allegados y familiares multiplican sus riquezas con negocios amparados por el poder presidencial.

En estas últimas semanas ha amenazado con apropiarse de Groenlandia (poniendo en riesgo la continuidad de la OTAN), bombardeó Siria y secuestró al dictador venezolano Nicolás Maduro para quedarse con el petróleo de ese país, advirtiendo que pronto tomará acciones militares contra los cárteles mexicanos que han sido declarados organizaciones terroristas, para temor de la clase política mexicana, y decenas de ellos ya están en la mira de las autoridades estadunidenses.

Trump está terminando con la estabilidad mundial. ¿Podrá aguantar la humanidad tres años más?