Lecciones de francés

La primera vuelta de la elección presidencial 
en Francia ha mostrado las ventajas 
de un sistema de dos vueltas. En la segunda ronda, el domingo 7 de mayo, los electores tendrán sólo dos opciones y son antagónicas. Emmanuel Macron, el liberal y exministro 
de Economía del actual gobierno socialista, 
quien está a favor de la Unión Europea, la pluralidad, 
la tolerancia y la globalización. Ha sido crítico de Rusia. Obtuvo 
el 24.01% del voto. Se enfrentará a Marine Le Pen, quien ganó 
el 21.30% de los votos, de derecha nacionalista, contraria 
a la Unión Europea, la pluralidad y la globalización. Es amiga 
de Putin. Uno de los dos obtendrá más de la mitad de los votos y, con ello, la legitimidad de una mayoría absoluta.

Ningún sistema electoral es perfecto, de haberse fragmentado más el voto proeuropeo, la primera vuelta pudo haber terminado con dos finalistas radicales, Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, un comunista admirador de Hugo Chávez, quien quedó en un cercano cuarto lugar, con el 19.58% de los votos. Juntos tuvieron el 40 por ciento de los votos. Mélenchon comparte la agenda contraria a la Unión Europea y la globalización, pero es también anticapitalista. En ese hipotético escenario, la elección hubiera sido entre dos candidatos con amplio rechazo de la población y contrarios a mantenerse en la Unión Europea.

Las encuestas francesas anticiparon el resultado. Para la segunda vuelta, las encuestas disponibles anticipan un holgado triunfo de Macron, a quien todos los importantes candidatos derrotados, con excepción de Mélechon, han pedido a sus seguidores votar por él.

El presidente en Francia es electo antes que la Asamblea Nacional. Por ello, no sabemos aún qué margen de maniobra tendrá para gobernar y legislar. Los dos finalistas tienen hoy tres miembros en la Asamblea actual, conformada por 577 diputados. Macron no tiene partido. Se lanzó como independiente apoyado por un movimiento llamado En Marcha, creado hace unos meses. Marine Le Pen, del Frente Nacional fundado por su padre en 1972, suele tener a todos los otros partidos en contra en la segunda vuelta, por lo que no le es fácil ganar diputados.

Para la primera vuelta de la elección parlamentaria del 11 de junio, el ganador deberá usar la inercia que conlleva el triunfo presidencial para colocar a sus seguidores, o bien, como ganadores con la mitad más uno de los votos, y el 25% del padrón o en uno de los dos primeros lugares para poder pasar a la segunda vuelta. Ésta tendrá lugar el 18 de junio y el reto es negociar el apoyo de un bloque mayoritario para poder ganar el mayor número de diputados. Si el nuevo presidente no tiene una mayoría en la Asamblea Nacional, quien logre esa coalición mayoritaria se convertirá en primer ministro. En ese caso, el presidente quedará relegado a un papel más bien simbólico.

Como lo vimos en Gran Bretaña y en Estados Unidos, Macron obtuvo sus mejores resultados en las ciudades grandes y más prósperas, mientras que Le Pen, en ciudades pequeñas, en el campo y en áreas donde la manufactura fue importante en el pasado. En París, Macron obtuvo el 34.83% del voto, mientras que Le Pen el 4.99 por ciento. Una diferencia en el caso francés es que Le Pen ganó el voto de los jóvenes.

La polarización social francesa es similar a la de Estados Unidos o Gran Bretaña. La principal diferencia es que, en un sistema de segunda vuelta como el francés, cualquiera se puede inscribir en la primera vuelta y luego quedan dos a seleccionar, sin Colegio Electoral de por medio. Es imposible saber quién hubiera quedado en primer y segundo lugar en Estados Unidos, si tuvieran dos rondas y, por lo tanto, entre quiénes hubiera sido la final, pero un régimen de dos vueltas pudo haber dejado en la final a candidatos distintos a Trump y Clinton.

El sistema electoral francés dejó el espacio para que llegara un joven y creíble líder como Macron. Logró ganarle a los dos tradicionales partidos políticos franceses, el Socialista y el Gaullista, éste ahora con el nombre Los Republicanos. El candidato del Partido Socialista, Benoît Hamon, obtuvo el 6.36% de los votos. El de Los Republicanos, François Fillon, manchado por acusaciones de corrupción y nepotismo, terminó en tercer lugar con el 20.01% de los votos.

México ha coqueteado con la idea de una segunda vuelta. Ésta no ha avanzado porque en una elección de dos pareciera que el PRI no puede ganar y, por lo tanto, la ha rechazado. Dada su ausencia, el elector no podrá tener una opción clara entre dos proyectos. Tampoco es fácil que llegue en México alguien como Macron, una cara fresca y novedosa, y menos desde una plataforma independiente. Las elecciones en México son muy caras y los partidos tienen ventajas monetarias y de acceso a los medios de comunicación. Lo esperable es que veamos a las caras ya conocidas abanderadas por los partidos políticos existentes y quien gane lo haga con menos del 35% de los votos.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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