Ricos, militares y de derecha
Donald Trump va a incluir más multimillonarios y militares en su gobierno que cualquier otro Presidente en la historia de Estados Unidos. Los primeros son viejos amigos de Trump, que han sido exitosos en el mundo del dinero. Varios de ellos no se encuentran entre los más destacados. Por ejemplo, su propuesta para secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, si bien trabajó en Goldman Sachs varios años y es un hombre muy rico, entró a Goldman por recomendación de su padre, quien fuera socio fundador de la firma. Nunca ha tenido a su cargo responsabilidades operativas complejas.
En su carrera profesional, Trump ha tenido más responsabilidades. Su grupo empresarial es grande, con poco más de 20 mil empleados. Sin embargo, al igual que sus amigos multimillonarios invitados a gobernar con él, carece de la experiencia política que hace posible la función de un aparato burocrático que debe atender, al mismo tiempo, cientos o miles de problemas dentro de las rígidas reglas de toda estructura administrativa pública.
Empresarios como Trump están acostumbrados a dar órdenes y esperar a que se cumplan. Cuando no les hacen caso, despiden al incompetente o al insubordinado y lo reemplazan rápidamente. En el mundo privado pueden hacer todo lo que no está prohibido. Trump ha cruzado varias veces la frontera de la legalidad. Jugar así en el gobierno implica otro tipo de riesgos que pueden llevar a severas consecuencias, no simplemente a declararse en quiebra y empezar de nuevo.
En el gobierno, los burócratas a cargo de la ejecución de una instrucción presidencial en general no pueden ser despedidos, tienen que coordinarse con otras agencias, rendir cuentas de cada dólar gastado, calcular todas las implicaciones de una decisión. Trump podía decidir desarrollar un edificio, ponerle su nombre y enfrentar regulaciones urbanas, financiamiento y otras complicaciones. Éstas, sin embargo, palidecen con las de, por ejemplo, derogar el llamado Obamacare.
El desprecio a los expertos por parte de los electores, que hizo posible la elección de un candidato que decía lo que pasaba por su ignorante mente, prometiendo lo que fuera sin tener argumentos sólidos y sin importar las críticas de los mejores profesionales o académicos, lo ha llevado a proponer como director del Consejo Nacional Económico, no a un académico prestigioso, como ha sido lo más común, sino al segundo de abordo de Goldman Sachs, Gary Cohn. Seguramente es capaz y competente, pero con una visión práctica de la economía, centrada en cómo hacer dinero, y no en diseñar y evaluar el impacto de la política económica de todo un país. Es tal el desprecio de Trump hacia los expertos tradicionales que ha preferido reclutar empleados de Goldman Sachs, institución a la que durante la campaña criticó fuertemente por ser el paradigma de una élite rentista.
Durante su campaña también criticó agriamente a los expertos en seguridad. Sin embargo, ha nominado a cinco militares para puestos clave de seguridad en su administración, incluido el secretario de Defensa, tradicionalmente un civil. Algunos de estos militares tienen una sólida reputación, pero uno de ellos, con un puesto esencial, su asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, tiene fama de ser un paranoico. Los militares le sirven para su política de mano dura y le dan más confianza que un experto civil porque están acostumbrados a recibir órdenes. Estos militares, sin embargo, van a encabezar burocracias civiles. En el pasado más de uno no ha sabido cómo navegar en esas aguas.
El resto de su equipo tiene un fuerte sesgo de derecha. Su nominado como fiscal general, Jeff Sessions, fue propuesto por Ronald Reagan para ser magistrado de distrito, pero fue rechazado debido a los comentarios racistas que había expresado durante sus puestos anteriores. El recién designado para encabezar la Agencia de Protección Ambiental, niega, como Trump, la existencia del cambio climático. Su jefe de estrategia, Steve Bannon es un conocido supremacista blanco.
Es difícil saber si esta feria de inexperiencia y radicalismo podrá implementar las aún no bien definidas políticas de Trump. Si tiene éxito, modificará de raíz la política fiscal, la comercial, los derechos de las minorías y de las mujeres, el papel de Estados Unidos en el mundo… creo, sin embargo, que es alto el riesgo de que sea un gobierno incompetente y errático, aunque no por ello no hará en el camino mucho daño. La cabeza del mismo ciertamente va a dedicarse a pelear en tuits con quien se interponga en su camino y vaya en contra de su visión del mundo.
Los supuestos expertos creímos que Trump no ganaría la nominación del Partido Republicano, luego que perdería la elección ante Clinton. Si Trump y su banda pueden gobernar, el desprecio hacia los expertos por parte de los votantes se verá validado. Si además de hacer daño puede administrar un país sin ellos, será hora de dedicarse a otra cosa…
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
