¿Sin alternativas?
Cada partido lleva en sus espaldas lastres que no han logrado borrar de la memoria de la sociedad. Sus historiales, a lo largo de varias décadas, los dejan muy mal parados cuando se trata de analizar cuáles son sus principios o sus ejes filosóficos y políticos que los hacen únicos, que les permitieron, en su momento, consolidarse como verdaderas opciones
Son tantas las preguntas que podemos formular cuando tratamos de comprender en dónde se encuentra la oposición en estos momentos que son decisivos para nuestra vida democrática. Por definición, es quien agrupa todas las posibilidades de conformar una opción diferente, un contrapeso del actual gobierno. Sin embargo, todos los partidos políticos que se definen como oposición están muy lejos de brindar un camino real para quienes buscan alternativas y diferentes perspectivas de país.
Cada partido lleva en sus espaldas lastres que no han logrado borrar de la memoria de la sociedad. Sus historiales, a lo largo de varias décadas, los dejan muy mal parados cuando se trata de analizar cuáles son sus principios o sus ejes filosóficos y políticos que los hacen únicos, que les permitieron, en su momento, consolidarse como verdaderas opciones para un país que necesita con urgencia de un cambio radical, si quiere seguir manteniendo opciones de futuro. No obstante, la oposición de nuestro país cree que, de facto, las personas que no simpatizan ni creen en el actual gobierno los valoran de manera acrítica y han olvidado sus antecedentes. Y, lamentablemente, a consecuencia del sistema de partidos que padecemos, no están tan equivocados.
Porque vaya que se padece cuando observamos las esperpénticas escenas de quienes ocupan alguno de los cargos de elección popular en la Cámara de Diputados, senadores, alcaldías y quienes son parte de la partidocracia. Saben que están blindados por una suerte de impunidad que conocen de principio a fin, años de usos y costumbres que explotan a la perfección.
Los miembros del partido oficial –que son la base del actual gobierno– durante muchos años sacaron muy buen provecho de las innumerables debilidades de los sexenios anteriores, hasta convertirlos en una plataforma política que, al día de hoy, son las principales banderas y pretextos del inquilino de Palacio Nacional: todo es culpa del pasado. Así, mientras se enciende la hoguera del pasado, la llamada oposición permanece dormida, con un ánimo titubeante y calculador. Parece que no están dispuestos a perder privilegios ni canonjías, por ello se van acercando a la sombra del frondoso árbol populista del actual sexenio. Porque, de una manera u otra, ellos también lo han sido. ¿Es muy necesario recordar cómo lo perfeccionó el PRI a lo largo de ocho décadas, lo replicó y actualizó el PRD en el gobierno de la Ciudad de México y al PAN sólo le alcanzó ese mecanismo para dos sexenios?
Lamentablemente, hay algo que no podemos negar: como sociedad no hemos aprendido a consolidar los mecanismos de rendición de cuentas de quienes hemos elegido como nuestros representantes. Sin embargo, durante esta semana algo comenzó a constituirse como un precedente interesante en las cámaras del Congreso: las redes sociales volvieron a poner en la mesa de discusión la actuación de sus miembros. Así, ante una votación muy importante que se llevó a cabo en la Cámara de Senadores –en la que se estaba decidiendo la posible comparecencia de Javier May (director de Fonatur), Blanca Alicia Mendoza (titular de la Profepa) y María Luisa Albores (secretaria de Semarnat), para que rindieran cuentas acerca del malhadado Tramo 5 del Tren Maya, fue lamentable para la imagen y trascendencia de la oposición que no obtuvieran los votos necesarios para lograrlo.
En las redes sociales se puso en evidencia a quienes no habían asistido a la sesión y no votaron para generar una comparecencia en la que, sin duda, se les cuestionaría a quienes son los responsables de algo que, a todas luces, es irracional y que sólo satisface el caprichoso interés presidencial. Era una verdadera oportunidad para la crítica y la exigencia de transparencia que tanto nos urge en este país. Sin embargo, sus silencios o las lamentables respuestas que se recibieron ante los cuestionamientos no fueron de mucha ayuda. Despertaron más dudas que certezas o ilusiones ante dos de las batallas constitucionales que están en el umbral: la propuesta de reforma eléctrica y la defensa del Instituto Nacional Electoral.
Parece que las expectativas que se cifran en los partidos de oposición están en un limbo sin salida. Ya veremos si se encuentran a la altura de las circunstancias de un país que necesita un nuevo camino o ponen por delante sus intereses personales o de partido. A sabiendas que, como sociedad, debemos dar el paso más allá de las redes sociales. Necesitamos construir nuevas alternativas desde la sociedad.
