Jueves mágico
Sabemos lo que implica una mayoría en el Congreso. Sabemos que quienes llegan a sus respectivas cámaras lo hacen para fortalecer sus propias agendas y las de sus partidos.
Hay un par de acciones que se llevaron a cabo el jueves, que ejemplifican, con cierta gracia, el modelo político que se sigue en la actual administración. La magia es una de sus principales herramientas para crear y transformar la realidad en un espejismo que, en cuestión de minutos, se convierte en un acto de fe que tiene muy bien establecida su forma de actuar. En ese sentido, el mote de Cuarta Transformación es más que adecuado, pues resulta un descriptivo de sus resortes más efectivos.
Sabemos lo que implica una mayoría en el Congreso. De hecho, sabemos que quienes llegan a las respectivas cámaras lo hacen para fortalecer sus propias agendas y las de sus respectivos partidos. Eso no es nada nuevo, ya que por lo general se van posicionando como artífices de todo aquello que se convierte en una línea de trabajo en el que, al parecer. “legislan” bajo la tutela de lo que es más viable para los objetivos del partido en cuestión. No, nada nuevo bajo el sol: llevamos décadas presenciando los efectos de ese mayoriteo que, incluso, se llega a mostrar como el triunfo más inobjetable, a pesar de que sus determinaciones sean cuestionables o inexplicables ante las necesidades del país.
Así, quienes se han querido posicionar como diferentes, sólo han alcanzado a demostrar que no sólo han recurrido a las mismas estrategias de sexenios y legislaturas pasadas, sino que poseen esa sonrisa de quienes obtienen muy buena pesca en el río revuelto que es nuestro país. Son como esos apóstoles que pregonan su propia versión de la ley y la justicia bajo una iluminación que sólo es propicia para quienes conforman el poder en turno, pero siempre anteponiendo un “bienestar”, cuyos alcances y perjuicios no sólo quedarán en una argucia retórica. ¿A quién le extraña lo que el jueves se legisló en tan sólo un pestañeo? Si alguien se ha sorprendido, parecería que no ha entendido que la futura revocación de mandato es lo prioritario para los tiempos de esta administración. Que los problemas de violencia, inseguridad, pobreza, desigualdad y educación son invenciones que forman parte de la conspiración universal en contra de sus francos y transparentes ideales. Así, en esta legislatura de la Cámara de Diputados han demostrado su capacidad de hacer magia con tan sólo un chasquido: por mayoriteo se aprobó un decreto para que la difusión que realice todo el aparato gubernamental acerca de la revocación no sea considerada como propaganda. Así de fácil se le da vuelta a la ley: es más tardado cocinar algunos platillos que legislar en función de una argucia que el presidente de la Cámara de Diputados, claro prohombre del partido oficial, celebró con la misma euforia que Roque Villanueva, priista de la vieja escuela –como una mayoría de los principales miembros del gobierno actual, por cierto.
Todo parece alinearse para que dicho ejercicio de la revocación –promovido por el mismo gobierno, lo cual ya resulta en sí mismo un absurdo– sea un parámetro de los alcances de la llamada Cuarta Transformación con miras a las siguientes elecciones. No sólo las gubernamentales, en realidad se afina toda su maquinaria propagandística con miras a allanar el camino electoral del partido oficial de quien resulte ungido por su famosa y ejemplar democracia de encuesta y a mano levantada –tan efectiva que en Oaxaca no tardaron en enfrascarse en un pleito por la candidatura oficial. ¿Hacía falta ese madruguete legislativo? No, por supuesto. Basta con salir un poco a la calle y darse cuenta de los espectaculares, los carteles y el ejército de Siervos de la Nación que, casa por casa, van difundiendo la buena nueva.
Pero el jueves aún depararía una sorpresa y otro ejemplo: una carta emitida por el gobierno como respuesta a los señalamientos del Parlamento Europeo con respecto a las muertes, violencia y el peligro que padecen quienes ejercen el periodismo en nuestro país. Más allá del lenguaje, queda en evidencia que la famosa diplomacia mexicana es cosa de un pasado que, a estas alturas del partido, parece idílico –basta con recordar las últimas designaciones a cargos diplomáticos. Fue muy curioso leer cómo algunos personajes cambiaron de parecer ante esta carta, en tan sólo un chasquido, cuando se confirmó que ese texto lo escribió el máximo habitante del Palacio Nacional: la magia volvió a funcionar cuando pasaron de la duda a la defensa a ultranza de cada palabra. ¿La respuesta el otro día? De 5 mil asesinados, tan sólo cinco eran periodistas. Claro, no cabe duda, la empatía es un invento neoliberal.
Así resultan los días mágicos de la actual administración, en los que suelen presentarse discusiones que disuelven la gravedad de todas las acciones. Por cierto, ¿alguien sabe algo de la oposición?
