El discurso ya no es suficiente
La fugacidad con que desaparece del panorama informativo una noticia acerca de la violencia, sólo es superada por la necesidad de cubrir otros hechos en que la muerte es terrible constante.
No hay dolor que pueda ocultarse detrás de un discurso ni violencia que termine como por arte de esas mismas palabras. No hay día que en los medios de comunicación nos enteremos de cómo la muerte camina por nuestras calles sin generar ninguna sorpresa, rigiendo la vida cotidiana y ocupando pequeñas notas –porque resulta que deja de ser noticia con la misma velocidad con la que se dispara un arma.
La fugacidad con la que desaparece del panorama informativo una noticia acerca de la violencia, sólo se ve superada por la necesidad de cubrir otros sucesos en los que la muerte es una terrible constante. Puede ser cuestión de un día o unas pocas horas para enterarnos que en cualquier otro lugar del país hubo una masacre o que hay más mujeres desaparecidas o asesinadas. Lo terrible es que, como sociedad, nos hemos dejado de cuestionar acerca de esa realidad que nos lacera, porque nos impacta cada vez menos.
Llevamos al menos tres décadas sin dejar de escuchar u observar noticias acerca de la violencia que ha sido cada vez mayor. Al parecer, nos hemos rendido ante esa ominosa realidad y, quizá, no vemos una solución inmediata a todos estos problemas que, basta asomarnos a su abismo, para saber que no existe un fondo, un extremo que nos mueva del lugar en el que nos encontramos. Las fotografías de la vieja nota roja parecen sólo un guiño ante lo que hoy observamos en todos los medios posibles, pues, en este sentido, las redes sociales han jugado un contrapeso de aquello que los medios de comunicación tradicionales pueden comunicar.
Han dejado de impactarnos los videos de asaltos que ocurren en el transporte público, tanto como las armas cada vez más sofisticadas y la barbarie del crimen organizado. No hay novedad en esas noticias que nos hablan de lo que hoy somos como sociedad y, por supuesto, lo que es –y han sido los últimos gobiernos– en materia de seguridad.
Si se necesita partir de lo más elemental, sabemos que las estadísticas nos hablan de un aumento en el número de homicidios, con respecto a sexenios anteriores, durante la actual administración. Tampoco necesitamos hacer mucho eco de ese triunfalismo del Gobierno de la Ciudad de México que nos habla de la disminución en las cifras de delitos en enero de 2022 con respecto al mismo mes de 2019. Quizá lo que le faltó puntualizar a la jefa de Gobierno es que, si de comparaciones se trata, las dinámicas sociales entre ambos momentos cambiaron de alguna manera como consecuencia de la pandemia que trastocó la vida cotidiana. Y, por cierto, ya llegará el momento de analizar el papel del Gobierno de la Ciudad durante ese periodo.
Lo que ha resultado patético es, precisamente, la respuesta de los diferentes gobiernos ante toda esta violencia. Discursos van y actos políticos vienen, pero la realidad termina por imponerse. La actual administración –tanto la federal como la del Gobierno de la Ciudad de México– ha sido experta en concentrar la información y trastocar el sentido de las estadísticas para culpar al pasado y crear todo un entramado que nos remite a un complot universal en su contra. Al parecer, quienes hoy forman parte del gobierno, supieron capitalizar políticamente toda la violencia, desapariciones y homicidios del pasado, porque el día de hoy guardan un silencio que los hace cómplices de la barbarie, muy cómodos defendiendo la “soberanía” desde sus escritorios. Resulta curioso que, mientras más notoria es la aparición de las Fuerzas Armadas en la vida política de este país, la violencia no detiene su terrible andar entre nosotros.
Ya ha dejado de ser suficiente el discurso y la sorna del actual primer mandatario para opacar la realidad del país. Siempre habrá pretextos y justificaciones, discursos justicieros que se quedan en simple palabrería mientras que, en las calles, la muerte camina sin cubrirse el rostro. ¿Qué sucedería si el inquilino de Palacio Nacional hiciera frente a la violencia de nuestro país con la misma vehemencia con la que ataca al INE, a periodistas, la reforma eléctrica y a sus colaboradores más cercanos? Tal vez haya 16 millones de orgullosas respuestas malabareando planteamientos populistas que, ha quedado demostrado, sólo han sido efectivas para consolidar una base electoral, no para resolver los problemas de este país.
