2016-2017, bienio axial
El calendario natural de publicación de esta columna en Excélsior, nos permite compartir con nuestros amables lectores algunas reflexiones a caballo entre el año 2016, que pronto termina, y el 2017, que empieza ya el próximo domingo. Pocos bienios como éste, tan ...
El calendario natural de publicación de esta columna en Excélsior, nos permite compartir con nuestros amables lectores algunas reflexiones a caballo entre el año 2016, que pronto termina, y el 2017, que empieza ya el próximo domingo. Pocos bienios como éste, tan intensos y trascendentales.
Si éste fue el año de las grandes sorpresas en los ámbitos político, económico, social y cultural del mundo, el próximo será de redefiniciones; vienen tiempos de importantes cambios, momentos cruciales que pondrán a prueba la templanza liberal y la vocación democrática de actores políticos y liderazgos nacionales.
En el plano económico, nos gustaría destacar del 2016 tres grandes notas que ejemplifican muy bien los procesos de transformación que vive México y perfilan los importantes desafíos que pronto enfrentaremos.
La primera, que pasó casi inadvertida en la opinión pública y en las secciones editoriales de la prensa, es el éxito que tuvo la Ronda Uno de la Reforma Energética en materia petrolera, en la que lograron adjudicarse ocho de diez áreas sometidas a licitación internacional.
Un éxito significativo, por tratarse de proyectos de gran complejidad operativa de explotación en aguas profundas, en condiciones de un mercado de los hidrocarburos caracterizado por la incertidumbre y donde se presentaron posturas altamente competitivas de empresas de 16 distintos países más 26 operadores mexicanos.
En todos los frentes se obtuvieron ofertas más que solventes, que rebasaron regalías hasta de 29% para Pemex, que ganó además el Área Tres en Golfo de México en asociación con consorcios privados por primera vez en la historia de nuestra principal empresa productiva.
Todo ello supondrá inversiones directas del orden de los 49 mil millones de pesos en el transcurso de 25 a 35 años y devolverá a México el potencial productivo que venía perdiendo los últimos lustros. Están en marcha ya dos grandes poliductos transfronterizos y la construcción de plantas en distintos estados. Mención aparte merece la expansión de las industrias de energías renovables, solar y eólica, que marcha a pasos agigantados.
La segunda nota se dio durante la primera Gran Expo Alimentaria mexicana, inaugurada por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, donde se confirmó que nuestro país ocupa ya el 12º lugar mundial en producción agroalimentaria, logrando el superávit por primera vez en 20 años.
México es así líder en exportación de cerveza y tequila, vende siete de cada diez aguacates en el mundo y es el quinto productor de huevo, superando los retos de la apertura comercial hasta crecer 635% las exportaciones a América del Norte.
Si tenemos en cuenta que la producción de alimentos genera 30 mil millones de dólares al año, es obvio por qué este sector supera ya los ingresos petroleros, turísticos y por remesas.
De donde resulta tan importante analizar ambos casos en conjunto. Porque bien visto, ello quiere decir que el proyecto de grandes reformas estructurales del gobierno del presidente Peña Nieto está enfrentando los rezagos y declives que presentaba la economía mexicana en uno de sus principales patrimonios para recuperarlo y cimentar las bases de un desarrollo viable a medio y largo plazo, al tiempo que se consolida una economía competitiva en el presente.
Ahora que, para afianzar estos avances, fue preciso que el jefe del Ejecutivo propusiera al Congreso un paquete de política económica austera, realista y responsable para el año 2017. Sobre los retos que ello supone hablaremos aquí el próximo martes.
