Hace unos cinco mil años había hombres inteligentes como en la actualidad. Científicos, historiadores, investigadores recogen testimonios; certifican, los divulgan. El primer vestigio de ciencia y literatura aparece en el pueblo sumerio al que se le atribuye la invención de la escritura y la literatura. De un combate —en comparativo, elementos de fuerza, destreza, astucia, luchan por la victoria— nace la amistad entre Gilgamesh y Enkidu; desde aquellos tiempos y anteriores se conoce la existencia de hermosas hieródulas. Gracias a la curiosidad y el conocimiento, interpretación del entorno, de sumerios, chinos, indios, egipcios, griegos, se deben los avances de la civilización. Se pierde el nombre del primer hombre que relaciona la aparición de Sirio con la crecida del Nilo. Imagine el instante de gracia de Aristarco de Samos, Giordano Bruno, Copérnico cuando distinguieron el engaño de lo evidente, que el Sol gira alrededor de la Tierra, y construyeron la idea heliocéntrica contra todo el pensamiento adverso global; o cuando Eratóstenes con la geometría de Euclides midió en su mesa la circunferencia y el diámetro de la Tierra. La modernidad, época de asombros —los últimos 3 o 4 lustros, con mayor rapidez que siglos y siglos anteriores—, se debe a un puñado de científicos y pensadores. El resto disfruta y recibe el confort del saber. Conocimiento, progreso, se edifican por estratos, por generaciones. En poco más de medio siglo cuántos cambios se observan en el deporte. En 50 años parecen desvanecerse algunos acontecimientos de notable valor. Acaso porque en los medios de comunicación cada vez hay mayor tendencia a lo social, comercial, aspecto lúdico, a lo popular, a lo recreativo, más que a lo agonal, se olvidan valiosas referencias. Alegra el esfuerzo y el triunfo de los competidores, acaso más cuando se puede medir. Centímetro, segundo, gramo ofrecen una dimensión más precisa. Es significante: en su ciclo olímpico a LA 2028, la chihuahuense Byanca Rodríguez, de 31 años, conquista el oro centroamericano en 200 m de pecho en 2’27”99, más veloz que Felipe Muñoz en 1968 cuando ganó el oro olímpico en 2’28”7. Celia Pulido, ganadora de 8 oros, plata y 2 bronces iguala récord de María Teresa Ramírez en los JC de Panamá 1970, con enormes diferencias: Tere ganó 5 oros en pruebas individuales y 3 en relevos, y Celia en 3 y 5 en postas. Se comparte el entusiasmo de Rommel Pacheco, titular de la Conade, cuando unas horas después de finalizar los JC anuncia que en LA se van a superar los nueve metales de México 68, pero no su esperanzador vaticinio. Entiéndase, un juicio de esta naturaleza debe estar apegado a un análisis riguroso, disciplina por disciplina, y prueba por prueba, que exige meses de recopilación de un centón de datos estadísticos, evolución de trayectorias de los principales competidores del mundo… como muestra fragmentaria de la calidad existente entre JC, JP y JO: es tan dura la lucha acuática que sólo Eulalio Ríos, en los JP de 1955 en 200 mariposa y El Tibio en 200 pecho en 68, consiguieron oro. (I).
