Dogma e ignorancia

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Uno de los procesos más extraordinarios del ser humano es su capacidad de adaptación al entorno, sea en condiciones climatológicas, geográficas, biológicas, culturales, mentales, de placer, esfuerzo, guerra o de otros riesgos mortales, en montañas, mares, en vehículos; exploraciones, aventuras.

El entorno influye en el aprendizaje, en la percepción, en las características físicas, sociales. Si alguien aspira a superarse en el conocimiento profesional intelectual o deportivo es frecuente que se dirija a centros universitarios de Europa o EU.

Naturalmente, habrá quien elija China, Rusia, India… ¡Qué es lo que se intenta y busca? Primero, acaso, en el afán de superación y progreso, romper con la zona de confort y dirigirse a núcleos con mayor conocimiento y técnica. Entrará en una atmósfera de orden superior en modernidad diversa, relaciones, instalaciones, responsabilidad, disciplina; conexión con las ideas más avanzadas, el valor del tiempo y del respeto. Podrá aceptar o rechazar, pero, esencialmente, comprobar cómo el todo, con la suma del ingente esfuerzo planificado, ordenado, obra como una poderosa fuerza que lo encamina hacia el objetivo que persigue con mayor fluidez y rapidez.

En el nuevo entorno aprenderá y descubrirá. Podrá liberarse de ideas lastre persistentes aquí desde hace décadas en lo que se refiere al campo deportivo, porque no hemos sido capaces de edificar una cultura agonal y de esfuerzo; excepcionalmente brilla, como en diversos lugares, el éxito individual.

La referencia es que, aun cuando el deporte mexicano evoluciona, no lo hace con la misma rapidez en relación con el mundial, se pueden emitir razones e hipótesis políticas, sociales, económicas, científicas. Se aceptan más por ignorancia, dogmas e ideas falsas, vicios que trasmiten desde antes de 1950 a la fecha.

El deporte-competencia se predica y mide por resultados en la lucha cimera de JO y campeonatos mundiales. Una realidad irrebatible son los nueve metales de 1968, insuperables a la fecha, como irrefutable es que el deporte olímpico mexicano, en su historia, es de un orden infinitamente superior al del futbol profesional, con toda su riqueza económica —lo expresó Séneca: no es el freno de oro lo que hace mejor al caballo— y magnética popularidad tribal.

Ambos pertenecen a la naturaleza de un mismo entorno, pero el olímpico se fortaleció con la inteligencia, experiencia y conocimientos de un puñado de entrenadores extranjeros. Demostraron con unos cuantos incipientes deportistas —todavía hay quienes creen, signo de ignorancia y credulidad, en el dogma, en el muégano de que de la cantidad surge la calidad; despilfarro de energía y tiempo: Dadle a Bob Bowman un solo nadador y arrojen, distribuyan cien, mil, diez mil en el área centroamericana o en otra zona del planeta, y en tres años indiquen quién de ellos se acerca a los 4 minutos en los 400 m combinado— las grandes proezas que se logran con la cultura del esfuerzo y el conocimiento. Y, cuando se combina el conocimiento al talento con el esfuerzo se producen luminarias de primera magnitud.