En su corta vida de poco más de un siglo, los Juegos Olímpicos modernos de manera paralela a la historia universal son el reflejo de la condición humana, de los complejos problemas del hombre, de sus alegrías, infortunios, gestos de nobleza e hipocresía. Tensiones, conductas irreconciliables de sociedades pintadas en su alma con las tonalidades del día y de la noche. La expresión del deporte empapada, salteada por épocas, por el odio de la política, el divisionismo, el resentimiento, la codicia; sin cumplir con el idealismo de amistad y fraternidad olímpica. Los cinco anillos entrelazados representan la unidad de los cinco continentes y la reunión de todos los pueblos en los JO, sin diferencia de creencias, opiniones políticas, razas, religiones…, lo real: las diferencias lo han impedido. La presencia de la exnadadora y campeona olímpica zimbawense Kirsty Coventry, con otras raíces culturales, visión histórica y enfoques diferentes a los anteriores presidentes del COI —todos de origen europeo o del grupo anglosajón—, le da un toque transformador al deporte en un intento apegado a los principios a la Carta Olímpica (CO). Coventry, en lucha decidida contra la corriente orienta a la unidad universal de los deportistas, incluso los que pertenecen a países beligerantes. Anulación del veto que ha ejercido Occidente sobre naciones que no pertenecen a su entorno. Sin que jamás Occidente aplique a sí mismo la vara con la que mide a los demás. Ayer, un paso firme, alentador, la influyente World Aquatic, “Unidos por el agua” es su divisa, con 209 federaciones nacionales, conocida anteriormente como la Federación Internacional de Natación, uno de los dos pilares olímpicos más sólidos y poderosos, se suma a la decisión de las FI de Judo, la primera en dar el paso trascendente, y Tae-kawn-do, de permitir a los nadadores de Rusia y Bielorrusia competir en todos los certámenes del mundo con sus respectivas banderas e himnos nacionales. Así como Israel y EU arrojaron una de sus primeras bombas con la que mataron a 150 niños iraníes, para golpear donde más duele, de igual forma se castiga a deportistas sin ninguna responsabilidad ni conexión con la guerra. La estolidez del apartheid ejercida por el COI impidió que la sudafricana Karen Muir, ¡plusmarquista mundial a los 12 años de edad!, compitiese en los JO de México 68. Se trata de un paso a la armonía que no pudo conseguirse con el boicot a Moscú 80 que sirvió, además, para evitar otro resonante descalabro —con repercusiones negativas en la imagen del deporte y del sistema político durante la Guerra Fría— de EU, como el que sufrió en Montreal 76 ante Rusia y la República Democrática Alemana. Este criterio debe extenderse a la hipocresía y ruindad interpretativa del dopaje cargado con tintas políticas de lo más parcial. Se arrastra otra contradicción. Si la CO preconiza que las competencias en JO son entre individuos y no entre naciones, entonces las sanciones deben ser individuales, como se practica con los demás países. Qué difícil es descubrir y aceptar los propios defectos. Más FI deben sumarse a Coventry y el COI.
