El acuerdo migratorio
Las personas que soliciten asilo en EU serán retornadas a México, donde deberán esperar la resolución de su petición. Mientras esto ocurre, México se compromete a ofrecer oportunidades laborales, de acceso a la salud y educación a los migrantes y a sus familias.
Hoy que se cumple un año de la histórica elección del 1º de julio de 2018, y también siete meses de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, vale la pena hacer una revisión de uno de los temas que, seguramente, marcará a la actual administración: El acuerdo recientemente firmado con el equipo del presidente Donald Trump y sus implicaciones en materia migratoria para México.
Tras la crisis de los aranceles y las amenazas del mandatario estadunidense, el acuerdo alcanzado modificará, de manera profunda, la forma en que se desarrollará la política migratoria al interior de nuestro país.
Tras una larga negociación que mantuvo preocupados a importadores y exportadores, integrantes de cadenas de valor de ambos lados de la frontera de ambos países, se llegó a un acuerdo entre ambas partes: Las personas que soliciten asilo en Estados Unidos serán retornadas a México, donde deberán esperar la resolución de su petición. Mientras esto ocurre, México se compromete a ofrecer oportunidades laborales, de acceso a la salud y educación a los migrantes y a sus familias. Adicionalmente, con el fin de reducir la migración ilegal, aproximadamente 6,000 efectivos de la recién creada Guardia Nacional mexicana, se desplegarán en 11 municipios de la frontera sur para evitar el paso de personas indocumentadas.
Trump ha agradecido públicamente al Presidente de México y a su ministro de relaciones exteriores, Marcelo Ebrard, “por el gran esfuerzo”; y ha declarado que “el gobierno de México está haciendo “un gran trabajo deteniendo a los migrantes”. En nuestro país, AMLO festejó los resultados de las negociaciones con un mitin en Tijuana. Sin embargo, el acuerdo alcanzado también ha presentado críticas.
Las autoridades mexicanas prevén que para finales de 2019 se habrán recibido unas 80 mil solicitudes de refugio, casi tres veces más que las registradas durante todo 2018. Para Francisco Garduño, comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), la falta de controles a lo largo de los primeros cinco meses del actual gobierno permitió una gran “permeabilidad” en la frontera sur de México. Esta situación impulso a los polleros a traer más gente que busca llegar a Estados Unidos.
En tan sólo tres meses llegaron a México 472 mil personas, cifra que es igual a la migración de todo un año. De continuar esta tendencia, durante el presente año se llegará a un millón de personas, lo que representa un riesgo latente para la salud económica del país, especialmente para las ciudades fronterizas.
La semana pasada, la empresa Consulta Mitovsky publicó una encuesta sobre el tema de migración en el país, en la que el 70.8% señaló estar a favor de que México endurezca su política contra los migrantes, mientras que sólo un 21.4% está en contra. La opinión sobre los salvadoreños, hondureños y guatemaltecos fue mayoritariamente mala.
El mencionado acuerdo incluye la disposición de que si no hubiera resultados en 90 días, ambas naciones regresarán a la mesa de negociaciones. Mike Pompeo, secretario de Estado estadunidense, declaró que “si no hay avance suficiente por parte de México, habrá aranceles”, y Trump dijo a Fox News que el acuerdo incluye un plan de “tercer país seguro”, si otros esfuerzos fracasan. También ha insinuado que parte de lo negociado implicaría que “el Congreso Mexicano” realice algunas modificaciones de ley.
Es fundamental proyectar información clara sobre las implicaciones del citado acuerdo, no sólo para socializar de manera clara y objetiva los nuevos retos que esto significa, sino también para medir las posibles presiones presupuestales que conlleva. Un ejemplo de lo anterior son las presiones al gasto público que en materia de educación y de salud ahora tendrá que cubrir el gobierno mexicano.
Es previsible que la economía nacional, especialmente en lugares como Tijuana, Ciudad Juárez o Reynosa, tenga que absorber a las personas que permanezcan en el país. El impacto no sólo será en materia de servicios, sino que, además, podría presentarse en los mercados laborales presión sobre los salarios y el desempleo. Por esta razón, más allá de celebraciones, es importante poner los pies en la tierra frente a la ola migrante que enfrentamos.
