Usos del espacio público: los parques
Su importancia en la ciudad se demuestra por los millones de personas que los visitan
A diferencia de otros elementos de la ciudad, los parques son espacios que conservan parte de la naturaleza, y por eso son tan importantes. Su cuidado y protección es determinante porque generan beneficios al medio ambiente con el oxígeno que producen, y por sus especies vegetales y animales. También son lugares atractivos para el deporte, el esparcimiento e intercambio social. Su importancia en nuestra ciudad se demuestra por los millones de gente que los visita y usa. Los más importantes por su tamaño y número de usuarios son el Desierto de los Leones, el Bosque de Chapultepec, los Viveros de Coyoacán, los Dinamos, el Bosque de Aragón, la Alameda oriente y poniente y las áreas verdes de la Ciudad Deportiva, del IPN y de la UNAM (defe.mx/mexico-df/parques).
Seguramente conoce el parque cerca de su casa y los principales en la ciudad: un listado parcial permite comprobar su valor; como el de la Alameda, el de Azcapotzalco (exrefinería), los parques Lira, España, México, Lincoln, el Parque Hundido, o el Tezozomoc. Hay otros, como los Parques Bicentenario en Xochimilco, Fray Servando, De los Venados, Sullivan, Tlatelolco, Tlacoquemécatl y los bosques de Tlalpan y Nativitas; y en Huipulco el parque de los Novios, que se conoce como bosque Luis Murillo.
Por su superficie son de gran valor ambiental las zonas protegidas en las faldas de las sierras que limitan el valle de México al poniente; las del Popocatépetl e Iztaccíhuatl en el oriente, y particularmente la sur, que ha perdido superficie porque ha sido urbanizada sin un control estricto. Calles y construcciones en esas laderas evitan la recarga de agua pluvial y destruyen la reserva ambiental del bosque. Esas zonas son valiosas porque tienen árboles y vegetación, y además inyectan agua al acuífero del valle.
Hay pequeños parques cuyas áreas son más las de jardines o plazas, como el de la Pagoda en Coyoacán, el Ocotal y el de algunas colonias como la Nápoles; o los atrios de las iglesias.
Son igualmente valiosos los parques lineales sobre algunas avenidas, como el del Paseo de la Reforma; y aún espacios que no son parques y que además son privados, como los cementerios, los clubs deportivos y campos de golf, que suman áreas verdes importantes para la ciudad.
Por su tamaño y sus diversas formas, los parques tienen problemas de seguridad para sus visitantes. Por eso, no hay mejor manera de garantizar la seguridad en cualquier espacio público que su uso intenso durante el día, que refuerza colectivamente la vigilancia. Los parques son la versión condensada del paraíso; presente en las mitologías de varias culturas. Son —aún en regímenes autoritarios— una forma democrática de ofrecer un espacio arbolado, con amplias áreas verdes y veredas peatonales para los habitantes de cualquier ciudad. Muchos tienen museos, monumentos, estanques y fuentes que atraen a sus visitantes. Por eso es difícil imaginar una ciudad importante sin un gran parque; como el de Chapultepec en la nuestra, el de Palermo en Buenos Aires, Ibirapuera en Sao-Paulo, El Retiro en Madrid, Hyde Park en Londres, el Bosque de Bolonia en París, o el Parque Central en Nueva York. Los parques representan el derecho a la ciudad para cada habitante y son también lugares de descanso y recreación para todas las edades y condiciones sociales. Son –en suma– espacios públicos que mejoran las condiciones de vida y la imagen de la ciudad. Por eso son valiosos, aunque sean pequeños.
