Cirilo al precipicio
Es mejor pedir un anillo de vuelta que convertir el matrimonio en un infierno.
Cirilo escribe:
“Querida Cirila:
Llevo un año de relación con una chava que al principio parecía ser un amor, supercool, buena onda, alivianada, cero celosa y demás virtudes que yo apreciaba mucho y que me llevaron a enamorarme.
Para no hacer el cuento muy largo, decidí darle el anillo y fijar fecha de boda (estamos a ocho meses), pero desde que me dio el gran SÍ, me la cambiaron por otra.
Se convirtió en una especie de mamá amargada que ya no le gusta nada, no le gusta lo que me pongo, no le gustan mis amigos, no le gusta nada de lo que antes, según, la hacía feliz.
Desde que está organizando la boda se volvió gruñona mal. Antes ni peleábamos, escasamente discutíamos, y ahora es una sola pelea desde que amanece hasta que anochece. Gritos y sombrerazos, literal. Cabe mencionar que se vino a vivir a mi depa desde que le di el anillo, el escenario de nuestras peleas desde que se transformó.
Eso sí, cuando nos encontramos delante de mi familia, e incluso de mis amigos que no soporta, vuelve a ser la niña divina que era, es en el momento en el que quedamos solos que vuelve y cambia de nuevo. La gente me dice que si no estoy feliz me separe ahora que aún hay tiempo, pero no sé por qué no me atrevo a cortarla, a veces pienso que es más fácil ya casarme y ver qué pasa.
La verdad no soy feliz, pero a veces pienso, también, que probablemente sea el proceso y que cuando nos casemos y se le pase lo Bridezilla, volverá a ser como antes y seremos felices de nuevo. ¿Algún consejo?”.
Mi querido Cirilo, si algo he pensado siempre que es una magnífica idea es irse a vivir juntos antes de casarse. Creo fielmente que son los pasos adecuados si es que uno desea conocer bien a la persona antes de jurar amor eterno.
El problema, aunque suena romántico, es que hay un anillo y una vida juntos comenzada. Sin embargo, lo que no suena romántico es un divorcio anunciado y aún así seguir en el mismo camino.
Es difícil saber si el cambio radical de tu pareja se debe a los nervios prematrimonio o a un switch que, he oído, le pasa a muchas personas: “desde que nos casamos, cambió”.
Lo importante es hablar las cosas en pareja y no cometer tonterías de las que después nos podamos arrepentir. Casarse es una de las cosas más lindas que hay, siempre y cuando sea con la persona correcta, si no, puede ser un infierno.
Mi consejo es que antes de casarte analices bien e, incluso, hables con ella sobre sus cambios, escúchala, a lo mejor tiene algo qué decir que no sabes y que bien podría ser la explicación. Sin embargo, una persona que muta a otra completamente diferente dependiendo con quien se encuentre es de sospecha.
Es mejor pedir un anillo de vuelta, cancelar invitados y separar caminos ahora, que casarse sabiendo que se tiene la receta perfecta para el desastre.
Si estás teniendo segundos pensamientos ante el importantísimo paso del matrimonio, es vital hacer un alto y solucionar lo necesario para poder retroceder o seguir el camino hacia el altar, en paz con ella y contigo mismo.
