Orgasmatrón

La herramienta sirve para tener una especie de diario de orgasmos.

¿Alguien vio la película de Woody Allen llamada The Sleeper? Quien no la vio, véala, es una joya del cine, todo un clásico. Quien la vio entonces sabe de qué voy a hablar. Quien no, igual lea y luego vaya y réntela.

Recuerdo muy bien, de la película, el orgasmatrón: una cabina como si fuera una cama de bronceado vertical, en donde la gente se metía y tenía un orgasmo sin necesidad de tener sexo. ¿Clarividencia WoodyAllensesca? ¡Claro! No falta el pensamiento cochambroso que todos tenemos cuando vemos esa idea: “yo quiero uno para mi casa”. ¡Ja!

Pero a lo que a mí me llevan las profecías del ‘73, según Woody Allen, es a pensar que el sexo ya se empezaba a robotizar y sólo él pudo verlo. Si no, pregúntenle a las nuevas aplicaciones para móviles y tablets que ya están en la red.

Una de estas es Sexulator (y no crean que hablo desde la ignorancia, las bajé para conocerlas), que es una calculadora sexual que te permite saber si estás teniendo suficiente sexo o si, de repente, andas en sequía y debes de tener más. ¿O sea, cómo? ¿Si andas en temporada de sequía y tu mentada calculadorcita dice que andas inactiva, sales a la calle con una pancarta en la frente que diga “necesito tener más sexo”? ¡Por el amor al Tigre Toño, qué es esa estupidez!

Otra es el Orgasmómetro, que honestamente me parece una bobería, pero que dice mucho sobre la necesidad de la gente de andar midiendo su tema sexual. Esta aplicación sirve para medir la intensidad de tus orgasmos. O sea, pones tu teléfono a un lado de donde estás teniendo sexo (como si no fuera suficiente la permanencia de los mugrosos teléfonos en nuestras vidas, que ya hasta para echar pata lo necesitas) y según la frecuencia de tus gritos, la app define si tuviste un orgasmo fregón o te faltaron cinco centavos pa’l peso.

Pensé que eso de la medidera se acababa cuando los hombres agarran una reglita para medirse a su soldado. ¡Y no hagan esa cara, Cirilos! ¡Bien que lo han hecho!

O sea que si eres de las muditas que les da oso gritar, esta herramienta te va a sacar tarjeta roja y te va a decir que tus orgasmos son un fiasco. Y no sólo eso, la herramienta sirve para tener una especie de diario de orgasmos que te ayudan a comparar cuál orgasmo fue más intenso que otro, con lo que, si eres soltera y tienes múltiples parejas sexuales, podrás comparar a tus parejas y crear tu propio top 10.

Y así es como, conociendo las benditas aplicaciones para escribir esta columna, me di cuenta de que son una tontería. El sexo debe de quedarse como está: si tu no tienes la capacidad de saber la intensidad de tus orgasmos en algo tan simple como es “sentirlos”, pues estás jodido.

Estas aplicaciones podrán ser simpáticas y divertidas, pero no pueden ser tomadas en serio. El problema es que los chamacos (que ya tienen relaciones sexuales hasta sin terminar de desarrollarse) se las toman como si fueran la biblia del Kama Sutra.

Cada quien es libre de orgasmearse, si quiere, frente al auricular de su celular, así como, según Woody Allen, seríamos libres algún día de orgasmearnos en una cabina sin necesidad de tocarnos un pelo. ¿Podrá ser? Ya no sé ni qué pensar… aunque si se lo inventan, me pido uno.

Con estas aplicaciones podemos utilizar nuestro celular como coach sexual y, quién quita, el día de mañana, compartir nuestros orgasmos en las redes sociales. Ya es lo único que falta.

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