¡Feliz día mundial del Veganismo!

Esta forma de vida me ha hecho sentir mucho mejor ser humano.

Cuando escuchamos la palabra VEGANO, se nos paran los pelos de punta, sobre todo si somos carnívoros. Esta palabra nos remite a dejar de sentir el placer que nos produce comer carne. Si les soy honesta y les hablo desde mi muy particular experiencia, controlar nuestro consumo de proteína animal no es tan escalofriante.

A mí no me gusta ir evangelizando en pro a mis decisiones, porque, por ejemplo, recuerdo mis andanzas cuando era fumadora y no me gustaba que me dijeran que el cigarrillo hacía daño. Esto es casi igual. No importaba cuánta información fidedigna tuviera en mis manos de que lo que estaba haciendo me estaba matando, igual seguía fumando sin remordimientos. Fue hasta que llegó el día en el que estuve convencida de que no quería fumar más que tomé la decisión sin tanto problema.

Así veo el tema de la alimentación. Lo que yo les pueda decir con respecto al consumo desmedido de alimentos o productos en los que los animales son involucrados de crueles maneras, les puede entrar por un oído y salir por el otro. Mi trabajo no es evangelizarlos ni que busquen caminar el mismo sendero que yo, sino que me escuchen y tomen de mi ejemplo lo que les funcione.

A mí me gustaría pedirles, como mis lectores, como parte de esta comunidad que sin darnos cuenta hemos formado por medio de este espacio, que ponderen y analicen cada acción de su vida, con el fin de tener la mayor coherencia detrás de ese ideal personal que es ser buen ser humano. Ideal que intento profesar a través de mis letras, sin importar el tema que toque cada día.

La realidad, aunque no nos guste y no nos convenga creer, es que la industrialización de la comida ha convertido a este planeta en un infierno para nuestros compañeros animales. Hemos disfrazado a los animales en seres que según no sienten ni tienen derecho a derechos, solamente porque eso es lo que nos sirve creer para así poder utilizarlos  de la manera en que mejor nos acomode.

Los utilizamos para vestirnos, para bañarnos, para vernos bonitos, para comerlos, para entretenernos… en fin… los volvimos nuestros personales esclavos para practicar nuestra insensible humanidad como mejor nos parezca.

Un día, comprendí que mis decisiones eran incoherentes. Que me rompía el corazón ver un perrito abandonado, pero que se me estaban olvidando el resto de animales.

Recordé que cuando era chamaca quería irme a salvar a los leones de África, ¿a salvarlos de qué? No lo sé, pero eso quería, cuidarlos. Y de repente, en el camino de la vida, se me olvidó la salvación y comencé a comerme a sus hermanos animales, a no darme cuenta de que mis tacones de piel italianos tienen marcas de sangre y que el champú que me deja el pelo sedoso, fue el causante de la tortura de un montón de peludines que fueron abusados, sólo porque yo no tuve conciencia.

¿Ahora qué hago? Ahora busco la forma de no comer carne. Ahora soy una carnívora anónima e intento limpiarme la sed por comerme a los que tanta tristeza me da ver sufrir. Ahora miro etiquetas y compro productos que no sean probados en animales. Ahora me cercioro de que la cartera que me gusta no sea de piel-piel sino de piel-sintética. Ahora pienso antes de actuar.

Y así, vivo. A los que tengan las ganas de unirse conmigo en esta forma de vida que me ha hecho sentir mucho mejor ser humano, los invito a que solamente abran los ojos y que cada que tomen una acción en la vida la tomen conscientes de lo que implica. Cuando menos se den cuenta estarán haciendo lo que jamás imaginaron que podrían hacer.

Por ellos, hoy no como carne. Un día a la vez.

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