Las cosas se complicarán aún más; ya lo verá
Maduro podría sumir a su país en una situación de violencia tal, que no dudaría —todo así lo deja ver— en acudir al uso de la fuerza militar
En varias ocasiones he comentado con usted en este espacio, el proceso de agravamiento de la situación internacional en todos sentidos; en lo económico y político y ahora, por si faltare algo, también en lo militar.
¿Quién, además de López y unos cuantos loquitos e indignos que le rodean, se atreverían a negar los efectos negativos que aquel proceso de agravamiento significará para México? ¿Acaso la lejanía es argumento ideal para desentendernos de lo que pasa en el resto del mundo, y así regresar sin cargo de conciencia a la exigencia del despido del entrenador de eso que llaman la Selección Grande, y seguir viéndonos el ombligo?
Pocas épocas desde el fin de la II Guerra Mundial, como la que hoy enfrentamos; la interdependencia —al margen de modelo económico y régimen político—, es más abierta y profunda hoy, que en cualquier otro momento desde 1945.
Los problemas que ocupan la atención en otros países, de buena parte de los ciudadanos y los gobernantes, de funcionarios y partidos políticos y de sus analistas —serios y profesionales, no como buena parte de los nuestros—, no son otros que los que cada día se complican, a la vez que se pierde la esperanza de que la mesura y la prudencia y el profesionalismo regresen a la gobernación, para reemplazar la ambición hegemónica beligerante y la novatez que reinan hoy —sin obstáculo alguno—, en algunos centros de decisión.
Hoy, las cosas se han complicado a tal grado, que una región como América Latina, tradicionalmente ubicada en la periferia de los centros de poder, cobra una importancia que hace unas semanas, jamás habríamos imaginado.
Lo de hoy en Venezuela, de pronóstico reservado por decir lo menos, parece encaminarse a un callejón sin salida, así fuere ésta un pequeño orificio. Maduro, el gobernante más incapaz e ignorante que han conocido nuestros países, no tiene la menor idea de hacia dónde va su país el cual, ni como un mal chiste podría decirse que gobierna.
Su incapacidad, no únicamente para la gobernación sino para cualquier cosa que requiera una mínima capacidad intelectual, ha demostrado la irresponsabilidad de Chávez quien, con la mente puesta únicamente en preservar su legado —cualquier cosa que hubiera significado para Chávez, ya al borde de la tumba—, designó a un verdadero retrasado para sucederlo.
Hoy, el resultado —si a esa tragedia pudiere llamársele así—, de la gobernación de Maduro, amenaza la estabilidad de varios países de América del Sur, y en Cuba y Nicaragua. No únicamente en lo político, sino también en lo económico y si nos descuidamos, incluso Maduro podría sumir a su país en una situación de violencia tal, que no dudaría —todo así lo deja ver—, en acudir al uso de la fuerza militar.
A esta situación, ¿qué diría usted del otro loquito —el coreano—, jugando a las guerritas con Estados Unidos? ¿Y qué decir de la complicidad tácita de los jerarcas chinos? Quizás lo único a decir sería, que apuestan a que así, ellos se fortalecerían a costa de la debilidad de Occidente.
Lo que no toman en cuenta es que, en caso de tomar Estados Unidos medidas drásticas en contra del tiranuelo coreano, sería una insensatez de parte de la dirigencia china esperar una respuesta de Occidente, que no fuere el apoyo total a Estados Unidos. En un descuido, incluso Rusia cooperaría para exhibir a sus hoy rivales chinos y desembarazarse, por fin, de un loco que a nadie conviene.
¿Y aquí? Lo único que importa: ¿Seguirá Osorio? (No el del futbol).
