¿Dónde está usted hoy? ¿En la CDMX? ¿No tuvo dinero o prefirió ahorrar?

¿Por qué no exigir a nuestros diputados que hagan un alto en el camino y piensen en el futuro antes de seguir con esa política de más beneficios. 

¿Salió de vacaciones? ¿Trabajó este trimestre como si le fuere la vida en ello? Bien, de haber sido así, merecidas las vacaciones que disfrutará usted durante estos días de asueto.

Sin querer en modo alguno echarle a perder sus vacaciones, le pregunto: ¿tiene asegurada su vejez con una pensión digna? ¿Les ha inculcado a los suyos la necesidad urgente de preparar su futuro? ¿Les ha enseñado que ahorrar ahora, es tener la mínima tranquilidad mañana?

¿Ha entendido y aceptado que en países como Alemania, que hoy disfrutan de una excelente calidad de vida y una vejez digna para sus habitantes y los suyos, lo lograron con base en decenios de trabajo altamente productivo, una cultura del ahorro y una vida austera y frugal durante muchos años?

¿Sabe usted que alemanes, chinos —tanto de los que viven en la República Popular como en Taiwán— y coreanos, por citar únicamente tres ejemplos, durante varios decenios trabajaron sin pensar en la holganza, sólo en darles a los suyos un mejor futuro?

¿Sabe usted que no hay país en el mundo, con conductas como las nuestras en materia de trabajo y ahorro, que haya podido sentar las bases duraderas y viables de un mejor futuro para sus habitantes? ¿Ha pensado usted, así hubiese sido una sola vez, que el dispendio de hoy es una vejez de dar pena, y estar en el abandono mañana?

¿Sabe y lo acepta, que no es posible repartir riqueza que no haya sido creada? ¿Sabe que eso de beneficios sociales, que no sean sufragados con riqueza que hayamos ahorrado, es demagogia? ¿Sabe que sufragar beneficios sociales con deuda, es la peor de las condenas?

Si sabe esto último, ¿por qué no exigir a nuestros diputados y senadores que hagan un alto en el camino, y piensen en el futuro antes de continuar con esa política de más beneficios, igual a más deuda?

¿Acaso pensamos que el gobierno, al margen de su orientación política, es capaz de crear riqueza para repartirla a todos, sin distingo alguno? ¿En verdad somos tan ingenuos para tomar como verdad esa baratija, propia de demagogos y sinvergüenzas más que de personas sensatas?

El mundo hoy es una escuela para los que quieran aprender de sus errores, y de los de otros. Simplemente pensemos en nuestros sistemas públicos de pensiones y su casi nula viabilidad financiera, y preguntémonos: ¿qué hacer ante un problema de esa magnitud y complejidad? ¿Qué han hecho otros países para enfrentarlo, y darle solución?

¿Qué haremos en diez o veinte años, con las decenas de millones de mexicanos mayores de 60 años, a los cuales no podremos proporcionarles un servicio de salud digno? Y deje usted un servicio digno, ¿qué haremos con los millones que no tienen hoy y tampoco tendrán mañana, derecho a dicho servicio, digno y de calidad o no?

¿Qué hicieron otros países para enfrentar problemas de esa índole? Trabajaron durante decenios, sin privilegiar la holganza; ahorraron y ahorraron; evitaron la holganza y el dispendio. Por eso disfrutan hoy, lo que construyeron a lo largo de decenios de esfuerzos y trabajo duro.

¿Qué necesitamos para empezar a hacer lo que ellos? ¿Quién debe poner el ejemplo, para que lo sigamos? ¿Acaso es responsabilidad única del gobierno? ¿Y nosotros qué? ¿Si nada hiciere aquél, así seguiríamos, como a la fecha?

De ser así, en poco tiempo las cosas se complicarían a tal grado, que no habría recurso que alcanzare y entonces, alguien dirá, ¿por qué no empezamos hace años?

Para ese entonces, créame, será tarde.

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