¿Por qué no decir la verdad de nuestras finanzas públicas?

En vez de aclarar las cosas y dar razones plausibles, que vendrían 
a tratar de aclarar la confusión reinante, salen con su batea de babas.

Lo aceptemos o no, las cosas en materia de comunicación de este gobierno con sus gobernados, llegó a un punto de no retorno. Los nuevos precios de los tres combustibles que monopólicamente produce, importa y distribuye Pemex, fueron la gota que derramó el vaso (para decirlo en términos coloquiales).

A partir de ahora, si el gobierno no quiere agravar el de por sí terrible humor social prevaleciente, debe cuidar mucho lo que comunica, y cómo lo comunica. Lo visto y escuchado estos días, tanto del actual secretario de Hacienda como del subsecretario Messmacher, herencia éste del que se debió ir debido, esencialmente, a sus desaciertos y errores en materia de deuda, gasto público y política fiscal, rebasa toda prudencia y respeto a los gobernados.

En vez de contribuir a aclarar las cosas y dar razones plausibles (Atendible, admisible, recomendable), que vendrían a tratar de aclarar la confusión reinante, salen —como decimos coloquialmente—, con su batea de babas.

¿Quién en su sano juicio, poseedor de la mínima honradez intelectual y capacidad profesional, sale a justificar los aumentos de los precios de las dos gasolinas y el diesel, con base en el precio que tiene la gasolina Magna en otros países? Además, al descontextualizar dicho precio por no dar el dato fundamental (que permitiría una comparación menos desviada: el nivel de ingreso per cápita en cada uno de ellos), todo queda en demagogia e intentos fallidos por ocultar la razón real de la medida: La salud de las finanzas públicas.

¿Quién también, ante un aumento de la magnitud hoy conocida, se atrevería a afirmar —refugiándose en argumentos aparentemente técnicos—, que no habrá impacto en la inflación para el año 2017? El subsecretario Messmacher, ¿dio una explicación clara y sencilla para demostrar sus dichos? No, simplemente recitó el viejo lugar común con lo cual, en vez de aclarar, confundió y molestó más, a los ya molestos.

¿Concibe usted a un secretario de Finanzas o su equivalente, en una situación como la que enfrentamos en materia de precios de los tres combustibles que maneja Pemex, salir a decir lo mismo que el nuestro, pero en Canadá, Reino Unido, Alemania, Chile y Costa Rica, Noruega, Francia o España? ¿Y Messmacher? Mejor de él ni hablamos.

¿Qué mueve a personas reputadas de ser funcionarios públicos serios —como es el caso del secretario de Hacienda—, a salir a hacer el ridículo defendiendo lo indefendible? ¿No sería mejor decir la verdad —por cruda y dolorosa que fuere—, de la situación que guarda la Deuda del Sector Público, el comportamiento de la misma estos cuatro años, y los beneficios obtenidos?

Entrados en gastos, ¿por qué no dar información completa de manera clara, para que fuere entendida por millones de mexicanos, de la situación real en lo operativo, financiero y tecnológico de Pemex y CFE? ¿Y por qué no complementarla, con el desastre del IMSS y del ISSSTE?

Una vez repuestos del trancazo, plantear la única salida posible: Liquidar las dos primeras, jubilar de manera anticipada a varios miles de sus trabajadores y, ya con una estructura liviana y eficiente y nuevos Contratos Colectivos para los dos sindicatos, empezar una nueva etapa.

La verdad, por dolorosa que fuere, siempre sería mejor que la demagogia y las mentiras para sentar las bases de la solución. ¿Acaso piensan que los ciudadanos jamás se van a hartar de tanto escamoteo de la verdad, y de tantas mentiras?

¿Quién confía hoy en Meade, Messmacher y Pepe toño?

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