Simplemente no avanzamos
Ante actitudes tramposas, cínicas y antidemocráticas no son las reglas las que deben cambiar, sino los individuos.
La reciente definición de las candidaturas que han hecho los partidos políticos de cara a las elecciones del 7 de junio es una muestra más del preocupante estado que guarda la democracia en México.
Amiguismo; nepotismo; tómbolas… hay de donde escoger para escandalizarse.
¿Recuerda usted a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre? Es el exdirigente del PRI en el DF que fue removido cuando se le descubrió una red de prostitución. Pues, ahora, logró que su madre, Guillermina de la Torre, esté en el décimo lugar en la lista para diputados plurinominales.
¿Por qué lo permite el PRI? Puede ser porque él y su familia tienen recursos indispensables para el tricolor, aunque la respuesta final es porque al partido no le interesa la opinión que tengamos los ciudadanos sobre sus cuadros, candidatos ni propuestas.
Por eso mismo eligen a una muy buena actriz, pero una inexperta en materia política como Carmen Salinas para ser plurinominal en la Cámara de Diputados.
Por eso, Morena define mediante tómbola a varios de sus candidatos.
Pero si la elección de candidatos a diputados fuera todo, el tema no sería tan grave. Lo malo es que hoy en la política nos vemos rodeados de ilegalidad, cinismo e impunidad.
El caso del PVEM es emblemático. Deciden sacar anuncios que contravienen las leyes electorales, la autoridad reacciona tarde y de manera timorata. Al final de cuentas el Verde Ecologista sabe que la ecuación le conviene.
¿Qué tan dañina puede ser una multa de 5.3 millones de pesos si la sobreexposición de su imagen ya lo tiene en la batalla por el tercer lugar en las preferencias electorales, de acuerdo con las encuestas publicadas hasta ahora?
Al final del día ese crecimiento en las preferencias electorales, si se traduce en votos, va a significar más recursos para el partido. La multa se paga sola y la acción ilegal fortalece al partido, que no a la democracia.
Lo tantas veces dicho: no puede haber democracia sin demócratas.
Y si, quizás antes también había nepotismo, amiguismo y cinismo. Por algo puso López Portillo a su amante como secretaria de Turismo —la primera mujer en llegar al gabinete—. También llevó a su primera esposa de giras internacionales cargando un piano y teníamos elecciones marcadas por ratón loco, carrusel y tantas otras trampas.
El tema es que justamente para abatir este tipo de acciones hemos invertido millones y millones de pesos para crear instituciones y reglas electorales. Pero ¿qué vemos? Que ante actitudes tramposas, cínicas y antidemocráticas no son las reglas las que deben cambiar, sino los individuos.
Nosotros y nuestra cultura política es la que está muy mal. Es la que tenemos que modificar, la clase política de manera primaria y la opinión pública repudiando enérgica y marcadamente este tipo de acciones, pero hasta ahora, y tras años de intentarlo, no parece haber luz al final del túnel.
Twitter: @AnaPOrdorica
