Fundado en 2014 en la Ciudad de México, Bitso, que encabeza Daniel Vogel y en México Felipe Vallejo, ambos cofundadores, ha adquirido gran relevancia en el mercado de servicios financieros en América Latina (operan en México, Brasil y Colombia) porque son competitivos en la penetración de mercados nuevos.
Aunque se le ve como la primera plataforma de intercambio de criptomonedas con licencia regulatoria en México como IFPE, se ha convertido en infraestructura financiera de escala regional con más de 10 millones de usuarios retail, supera mil 900 clientes institucionales y su volumen anualizado de pagos supera los 82 mil millones de dólares.
Cerca de 10% de las remesas entre Estados Unidos y México, con un valor aproximado de 60 mil millones de dólares, transita por la infraestructura regulada de Bitso.
Desde el año pasado, Bitso ha decidido ampliar su oferta de servicios abriendo el mercado de inversión en acciones en México a su clientela.
Como en su momento lo hizo Mercado Pago, de Pedro Rivas, asociándose con GBM para canalizarle clientes de la plataforma con el fin de invertir en acciones (nacionales y externas), fondos de renta fija o variable, productos indexados o ETF, Bitso lo hace a través de The Badger Management House, asesor de inversión independiente registrado en la CNBV para ofrecer servicios de intermediación de acciones globales, directa o en ETF.
GBM, por ejemplo, ya ofrece acciones globales a través de GBM Trading USA y tiene criptomonedas en su plataforma y en Mercado Pago, donde también ofrece criptomonedas a sus usuarios.
Entre 2018 y 2025, el número de cuentas en casas de bolsa en México creció de 250 mil a 24.6 millones (mucho es el efecto GBM), según datos de la AMIB, lo que incluye 16 millones en fondos: 100 veces en siete años, porque el uso de plataformas tecnológicas de pago e inversión elimina las barreras de entrada, no sólo al mercado bancario, también al bursátil. El crecimiento en el último año fue de 56 y 99.7% en personas físicas. Sin embargo, los activos en fondos de inversión representan apenas 13% del PIB mexicano, mientras que en economías de desarrollo comparable esa cifra se acerca a 100 por ciento.
En diciembre, cuando el conflicto estalló entre casas de bolsa reguladas y Bitso (al que se sumó también Plata Card, a través del asesor de inversiones VestFi, ahora asesor de Inversiones Plata y Alpaca, bróker regulado por FINRA en EU), le subrayé la importancia que tiene para activar el mercado de inversión de retail en México, pues para cerrar la brecha no sólo importa el número de cuentas abiertas, sino darle profundidad y calidad a esos millones de cuentas.
Bitso formalizó su propuesta iniciando en Brasil con XP Investimentos, plataforma con la que moviliza 1.5 billones de reales en activos de clientes, donde el acompañamiento de inversión para clientes de primer contacto con el mercado, no sólo de Wealth, o los invisibles (de medio millón a 10 millones de pesos).
Los intermediarios tradicionales insisten en que es una competencia desleal porque ellos están regulados y pagan mucho por vigilancia y supervisión, siendo casas de bolsa, al argumentar que un inversionista no puede decidir solo cuándo invertir en una acción de las Gig Techs.
En México, 70% del negocio de inversión en acciones no cotizadas se realiza través del Sistema Internacional de Cotizaciones (SIC), por lo que la oferta de Bitso y Plata son muy disruptivas porque abren la inversión internacional directa, y para un primer contacto pudiera requerir más asesoría que una app.
Por lo que entiendo, el producto de Stocks de Bitso apunta a las personas que, por cualquier razón, aún no invierten en acciones, lo mismo que el de Plata. No van por canibalizar mercado ni por cachar incautos, van por nuevos inversionistas con un modelo simple. Y hay que decirlo, la competencia genera opciones.
Y cuando se argumenta que no están regulados y pueden facilitar el tránsito de recursos de procedencia ilícita, se olvidan de que las IFP tienen que cumplir con modelos de KYC-TF, equiparables a los de una institución bancaria o bursátil, y deben tener separación operativa explícita y supervisada entre activos virtuales y fondos de pago electrónico.
